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Atroz e imperdonable crimen de Alida Teresa hace 14 años



Atroz e imperdonable crimen de Alida Teresa hace 14 años | EL FRENTE
El nueve de junio del año 2005, la familia Arzuaga Villar, vivía en un terreno al frente del cementerio de Zapatoca que tenía el tamaño como de una finca, se respiraba tranquilidad y armonía en el hogar, hasta que a las dos y media de la tarde, empezaría lo que para ellos ha sido como la peor tragedia familiar.

Alida Teresa Arzuaga Villar, de nueve años, la mayor de sus tres hermanos, estudiaba en la mañana pero se alistaba ese día para ir en la tarde de nuevo al colegio Sagrado Corazón de Jesús, de las hermanas Bethlemitas, ya que la jornada era continua y ese día saldría a vacaciones.

A las 12:30 del mediodía se despidió de su madre, Shirley Margarita Villar Romero, quien llevaba las riendas del hogar ya que su esposo, Farid Alonso Arzuaga Nasser, en esos días se encontraba preso en la cárcel modelo de Bucaramanga, por ser señalado de rebelión.

“Ella se marchó al colegio y a las dos horas aproximadamente, me informaron que mi niña nunca llegó… enseguida me preocupé y salí a buscarla”, aseguró Villar Romero.
Dos horas más tarde de búsqueda, decidió ir a la Policía porque no halló a su pequeña, pero allá le dijeron que tenía que pasar 72 horas para ellos declarar a la menor como desaparecida.

Sin ninguna ayuda, esta mujer siguió con la odisea de encontrar a su hija. Minutos después un habitante del municipio le aseguró haber visto a Alida Teresa con unos hombres merodeando el parque, fue entonces cuando Shirley Margarita llamó al Gaula de la Policía en Bucaramanga, para ejercer presión a las autoridades de Zapatoca.

Esa misma tarde comenzó a llover fuerte con relámpagos, como si la naturaleza anunciara que algo malo estaba pasando, pero una llamada a altas horas de la noche de ese jueves nueve de junio, alentó un poco a esta desesperada madre, la Policía le había dicho que su hija fue vista a 10 minutos de Zapatoca por la vía hacia Girón, sin dejar pasar un segundo, ella salió hacia ese punto junto a otros familiares y vecinos.

Una vez llegaron al lugar, no encontraron nada y aprovecharon para seguir buscando en otros lugares.

Cuando el sol comenzaba a ponerse radiante en las primeras horas de la mañana del 10 de junio, la angustiada madre se fue para la casa, encontrándose con una realidad devastadora.

Su pequeña Alida Teresa, estaba tirada en una zanja de la casa, con signos de violencia, tortura, violada y sin vida. El dolor fue grande para la comunidad en general y en esta familia que después de este hecho, viajó hacia La Guajira producto de amenazas en su contra.

Ante este hecho, Villar Romero sacó varias conclusiones, una de ellas fue que “la Policía se confabuló con las Autodefensas Campesinas de Puerto Boyacá (ACPB) para cometer el delito, ya que las autoridades me mandaron a un punto lejanos para que el cuerpo fuera arrojado por este grupo armado en la zanja de mi casa”.

Otra conclusión por parte de la madre de la víctima, es que ella contaba con un escolta de la Policía desde meses atrás, cuando su esposo fue llevado como preso político a Bucaramanga, y el día que desapareció la menor ese escolta nunca cumplió con su servicio.

“Estos interrogantes también se suman a las amenazas que teníamos por venderle la tierra a un hacendado de esta región, quien financió a estos grupos durante esos años”, puntualizó Shirley Margarita.

Este atroz crimen ocurrido hace 14 años, se suma a uno de los miles de casos por paramilitares que reposan en los archivos de Justicia y Paz. El crimen de Alida Teresa no quedó impune, ya que por este hecho fue condenado Hernando Rodríguez Zárate, alias “Volunto”, responsable de ejecutar el crimen, según lo relatado por el paramilitar Luis Eduardo Sandoval, quien además aseguró, que lo hizo por venganza a Farid Arzuaga (padre de la menor), señalado de ser informante de la guerrilla.

Esta familia víctima del conflicto, fue desplazada y despojada de su tierra, ya que vendieron la propiedad en 70 millones cuando el costo superaba los 900 millones de pesos. Actualmente residen en el departamento de Santander, después de que falleciera Farid Alonso en el 2015.

Shirley Margarita Villar Romero, vive con sus tres hijos y denuncia la ausencia del Estado ante las denuncias que ha interpuesto, ya que según ella, hay más implicados en el caso y la Fiscalía no ha hecho su trabajo. Además, enfatiza que el gobierno nunca los reparó como víctimas, y ahora solo queda esperar respuestas de la Unidad de Restitución de Tierras.

“La señora Martha fue la única testigo de la muerte de mi hija, debido a que ella vivía cerca de donde arrojaron el cuerpo, y a los 20 días del hecho, a ella la enrollaron en un colchón y la quemaron viva para que no delatara lo sucedido”, relató Villar Romero, en una conmemoración a las víctimas del conflicto y falsos positivos que se desarrolló en la Plaza Cívica Luis Carlos Galán Sarmiento, el pasado miércoles.

Publicacion: Domingo 24 de Marzo de 2019 
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