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Opinión - Editorial


Templo parroquial de ZAPATOCA es una joya de la arquitectura religiosa



Templos que representan valores históricos de la arquitectura española suelen ser el blanco de grandes debates entre los defensores de los pueblos que son patrimonio de la humanidad y aquellos que quieren imponer a toda costa el sello de la modernidad, rompiendo la huella que dejaron las pasadas generaciones. En Zapatoca, la ciudad del clima de seda, fundada por los españoles hace 275 años, sobreviven al paso del tiempo las antiguas casas de balcón construidas por personajes hazañosos, que fueron capaces de dejar una huella imperecedera, en el trazado y construcción de sus calles y carreras, de sus jardines colgantes, de la simetría de sus manzanas, expresión del buen gusto de las antiguas generaciones provenientes de la madre patria, que trajeron la civilización, la raza y las costumbres.

Puede decirse que Zapatoca es un pueblo español, construido a la imagen y semejanza de ciudades europeas como San Sebastián y como Toledo, de donde partieron hacia territorio americano los Serranos, los Prada, los García, los hermanos Pinzón, los Acevedo, los Ortiz, los Rueda, los Díaz, los Galán, los Otero, los Rojas, los Rodríguez, los Velandia, los Camelo, los Plata, los Márquez, los Pinilla, los Rincón, los solano,  los Camacho, que aquí en Colombia, como allá en España, son grupos familiares reconocidos.

En el acta de la fundación de Zapatoca aparecen, entre otros, el sacerdote Francisco Basilio de Benavides, Párroco de Guane y don Melchor de la Prada, alcalde del mismo pueblo, lo mismo que don Antonio de Rueda Ortiz, el maestro de obra que trazó sus calles rectilíneas y don José Serrano y Solano, a quien el gobierno de la corona española le entregó esas tierras de aquende el río Saravita, para que las repartiera entre los lugareños, que llevaban años descuajando montañas y abriendo paso a la civilización.

La historia del templo parroquial de San Joaquín, con las hermosas torres construidas en piedra labrada, con los cuadros de Vásquez y Ceballos colocados en el bautisterio, algunos de los cuales desaparecieron, es apasionante, cuando se sabe que santos sacerdotes colocaban de penitencia a sus feligreses los trabajos forzados en la extracción de material pétreo de las canteras de la Alsacia, para contribuir al culto sagrado, una obra que tiene valor incalculable y que debe ser preservada como una joya de arquitectónica de gran valor histórico.

Estamos de acuerdo con quienes piensan que los templos antiguos deben restaurarse, utilizando los mismos materiales de la época en que se construyeron estos lugares de oración y de recogimiento, sin modificar su diseño original, sin alterar la estética de los pisos y de los cielo-rasos, ni el estilo de las gigantescas columnas que soportan su arquitectura.

En Roma, la Capilla Sixtina, donde se reúne el cónclave de Cardenales del mundo, cada vez que es necesario elegir un nuevo pontífice, los cuadros del famoso pintor italiano Miguel Ángel no se pueden borrar, sino retocarlos cada que el paso del tiempo altera sus colores y deteriora los dinteles de este lugar sagrado, que durante dos mil años ha sido el centro de las grandes decisiones de la Iglesia Católica en el mundo.

El ilustre párroco de Zapatoca, Eliécer Delgado Pico, es un líder de la Iglesia Católica, perteneciente a la diócesis de Socorro y San Gil, que ha querido colocar su impronta en las baldosas del templo parroquial, que se construyera por varias generaciones y que fue inaugurado hace más de un siglo. Las baldosas están viejas, desteñidas, deterioradas por el paso del tiempo y hay necesidad de retocarlas, protegerlas, restaurarlas como lo recomienda el arquitecto Antonio José Díaz Ardila. De buena fe, el ilustre párroco ha emprendido una colecta pública para mejorar las instalaciones de este lugar sagrado, pero los defensores de la antigua arquitectura consideran que Colombia tiene la madurez necesaria y los expertos restauradores de templos y reliquias sagradas, que deben ser consultados en esta ocasión.

Cualquiera que se la decisión final, para que el templo parroquial de Zapatoca, que es una joya de la arquitectura religiosa, pueda seguir siendo un lugar de encuentros para las almas piadosas, hay que respetar las opiniones de la jerarquía eclesiástica, que tiene en el país grandes profesionales encargados de proteger los escenarios sagrados. Uno de ellos, nacido en esta ciudad levítica, fue contratado hace varios años para restaurar la Basílica de Nuestra Señora de Chiquinquirá. El diálogo sereno permitirá encontrar la mejor solución para esta interesante iniciativa del venerable sacerdote, Eliécer Delgado, interesado en proteger los bienes espirituales y materiales de esta ciudad ilustre, que mucha gloria le ha dado a Colombia.

Rafael Serrano Prada          

Publicacion: Viernes 5 de Octubre de 2018 
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