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Las perversas prácticas electorales adheridas al ADN



Nada cambia. Todo sigue igual. Parece que el tiempo se hubiese detenido como en la habitación de Melquiades, el de los pescados de oro de Cien Años de Soledad. Sí, cada jornada electoral en Colombia es calcada de todas las anteriores. Todas.

Compra de votos. Acusaciones con y sin fundamento entre candidatos. Trasteo de votantes. Muertos que depositan su voto y firman planillas. Entramados mafiosos que se aseguran de ganar o ganar. Castas familiares que se han adueñado de vastos territorios para, en nombre  de la democracia, explotar a sus electores, enriquecerse de manera vil, corrupta y fraudulenta  y de hacer de la política un negocio.

Esa mezquina forma de enfrentar a sus contendores con la compra de votos y con el fraude electoral, ha hecho tanta carrera en este país que los votantes, muchos de ellos, no depositan su voto sin antes asegurar el billete que les darán a cambio de comprarles su conciencia.

Eso se ha vuelto tan cotidiano que hasta los mismos políticos hacen alarde de que Santander es el cuarto departamento en Colombia con riesgos electorales, según el informe “Mapas y Factores de Riesgo Electoral 2019”, que presentó la Misión de Observación Electoral, MOE, “eso es bueno porque antes éramos primeros o segundos” dijo un político sin sonrojarse y como si soltara una frase del Padre Nuestro.

No es nuevo que en todos los municipios el país se cambia de nombres, pero no de métodos. Se cambian los rostros, pero no los vicios, se cambian las formas, pero no el fondo para lograr los votos.

Aquello de que el derecho primordial a la participación política, pilar de la democracia en el mundo, debe garantizarse al máximo en todo el territorio colombiano, y en especial, en las regiones en donde los procederes mafiosos, de clanes políticos o de familias, han dejado una marca indeleble que ratifican esa ‘normalidad’ a la hora de la elecciones porque todos saben quiénes ganarán, incluso con cuatro años de anticipación, es sólo un saludo a la bandera.

Esas perversas prácticas electorales están adheridas al ADN de los ciudadanos desde la conquista. Es una herencia maldita imposible de erradicar si no se realizan tareas de educación, formación, cultura política, si no se les garantiza el futuro y la erradicación del dolo electoral para convertir las elecciones en democracia pura.

Es imposible cuando la educación no le ha llegado a más del 30 por ciento de los colombianos. Cuando el Estado no hace presencia en el 45 por ciento del territorio y cuando esos departamentos, cuya historia se escribe sobre un abandono perenne, son utilizados sólo para la llegada del candidato a buscar los votos, pero nunca para resolverles los problemas y al atraso histórico a los que los han sometido.

El documento “Mapas y Factores de Riesgo Electoral 2019”, presentado por la Misión de Observación Electoral, MOE, da cuenta de que son 152 municipio en el país los que están en alto riesgo de que se presenten delitos electorales. Alertas tempranas que son desoídas e ignoradas.

Trashumancia electoral es el delito que más se recalca que se va a presentar. Es que las estadísticas no mienten y hay municipio que tienen trece mil habitantes entre adultos y menores de 18 años de edad y hay quince mil aptos para votar. Pero nadie dice nada
En esa información de la MOE se da cuenta de que existen 24 municipios en Santander con alto riesgo de trashumancia para la votación del próximo 27 de octubre y ellos son Aguada, Barichara, Betulia, Capitanejo, Cepitá, Charalá, El Playón, Encino, Florián, Galán, Gambita, Guaca, Güepsa, Jesús María, Matanza, Ocamonte, Palmas del Socorro, Puerto Parra, Sabana de Torres, San Joaquín, San José de Miranda, San Miguel, Valle de San José y Villanueva.
También se señala que en uno solo se puede presentar fraude en Santander y es en el municipio de Aguadas. ¿Hay acciones certeras de las autoridades de gobierno y judiciales para garantizar la transparencia y honestidad en estas elecciones?

Aquí es donde debe entrar a actuar el Estado y darle una respuesta certera a esa pregunta. La democracia en Colombia es vista como la puerta de entrada al teatro de la corrupción, vicio que se ha encargado de desangrar a las regiones sin que haya dolientes capaces de cambiar la historia de un país que se acostumbró a que la política y muchos de sus políticos, pasen por encima de las leyes sin recibir castigo.

Publicacion: Martes 8 de Octubre de 2019 
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