Premio Nacional de Literatura 2018 Por: Braulio Mantilla | Columnistas | Opinión | EL FRENTE
| Edictos | EL FRENTE">
Curadurias
  • Autos
  • Avisos de Planeacion
  • Avisos de Remates
  • Edicto 108
  • Estados Financieros
  • Notarias- Juzgados
  • Resoluciones
  •  
     
     
     
    Especiales | VARIEDADES | EL FRENTE
    Indicadores Económicos
     
     
     
    

    Opinión - Columnistas


    Premio Nacional de Literatura 2018 Por: Braulio Mantilla



    Premio Nacional de Literatura 2018 Por: Braulio Mantilla | EL FRENTE
    “Ver lo que veo. Mal sueño acaso. No. La realidad es peor que un mal sueño. Ver lo que veo. Ojalá me queden años para oír. Radar de ruidos. No aprendí sino esto. Ver” (Pág. 471).

    “Ver lo que veo”, la novela de Roberto Burgos Cantor, ganó el Premio Nacional de Literatura Mincultura 2018. La entrega de este premio, por sí mismo, fue un tanto novelesca. Al poco tiempo de la entrega del premio, cuando el autor iba a cumplir los setenta años, falleció. Como quien dice, se encontraba esperando el premio para despedirse.

    La estructurada de la novela es compleja. Se organiza (anacrónicamente) con una serie de monólogos y soliloquios (en primera persona), en la que los diferentes personajes asumen el análisis de sí mismos, de su situación, de la situación del asentamiento donde viven… de su época o de la forma injusta en que han sido acorralados por el destino. El gran grosor de las casi 600 páginas conforma la telaraña de éstos personajes individualizados. Escasamente en tres de sus múltiples capítulos, alguno de los personajes habla en tercera persona, a la manera de un protagonista testigo. Los diálogos son casi inexistentes.

    El personaje principal lo asume una matrona quien es “la que ve”. Más que contar lo que ve, analiza, se queja, vocifera, testimonia, señala y describe el acontecer del desdichado asentamiento a las afueras de la Cartagena “cangrejera”; que es la manera como la denominaba el autor. Los personajes no parecen tener nombre. Nunca son nombrados… a la manera de la “Dialéctica de la Ilustración” de Adorno, donde Odiseo sabe que al no ser nombrado puede lograr la invisibilidad. Es decir, evitar la vulnerabilidad.

    Asumiendo una mirada detectivesca, podríamos llegar a hallar la nominación de cada uno, o de algunos de los nombres de éstos personajes. Pero finalmente parece no importar. Total, el conjunto de ellos son una insignificancia para una de las ciudades más hermosas del mundo. Ciudad que no solo les da la espalda, sino que los persigue, los acosa, los señala y hasta busca su extinción.

    “Al llegar aquí, disminuidos por lo que dejamos, con el hueco de alma del despojo, la vida pierde la dirección, el propósito, debíamos incrustarnos en espacios hechos y algo aparatoso cuya sombra y chirridos nos eran lejanos cuando vivíamos, allá vivíamos, en el campo de colinas y sequías previsibles y aguaceros aprovechados” (Pág. 213).

    El punto de vista narrativo, se deja ver desde un primer momento por el autor; como él mismo esgrime: “…trato de darle voz a los que no tienen voz.” Los diversos personajes que son designados (fenomenológicamente) por su hacer, tratan de salvar sus vidas. El ladrón, las prostitutas, un boxeador, las planchadoras, la peluquera, y un conjunto de oficios tanto invisibles como no formales, movilizan el latido de un relleno a la orilla cenegada de un manglar… donde se erigen latas, madera, cartón y plástico. El planteamiento señala un conjunto de desplazados. Sin embargo, el autor de pronto se olvida que allí no todos son víctimas.

    La sensualidad, la música, la comida, las conclusiones prejuiciosas de una clase iletrada, deambula con algunos gramos de lucidez, de picardía, pero también con un profundo sentido humano. Aspecto que Burgos plantea de una manera un tanto idílica. Sin embargo, su destreza con el lenguaje, hace del entramado de la novela un tejido de exquisita poesía. En la lectura, de hecho, se nota el toque del “Boom”, las arterias de “La cueva”, y obviamente de Gómez Jattin. A muy pocos autores se les concede ese “privilegio” narrativo tan particular.

    El conjunto de esa Cartagena multiétnica y cosmopolita, demarca la nostalgia y la fuerza del presente: “O será que somos lo que no sabemos y ningún disfraz no sirve” (Pág. 477). Una profesora de canto rusa, una bibliotecaria, el bar libertino, el hombre muerto, la corrupción, la amenaza constante de desocupación, el racismo: “pero veo que a los blancos pobres los tratan mejor”.

    El amor que se fue para la Venezuela prospera, que nunca volvió, va dejando a la matrona en su taburete vislumbrando el delicado y dramático final. “vista de ver y ver. Ausencias y reiterados presentes” (Pág. 541).

    Publicacion: Viernes 25 de Enero de 2019 
     Comentar... 
     Noticias Relacionadas 

    La poesía tiene la palabra Por: Braulio Mantilla

    La poesía tiene la palabra Por: Braulio Mantilla

    Publicacion: Jueves 1 de Agosto de 2019 

    “En el último trago nos vamos” Cozarinsky Por: Braulio Mantilla

    “En el último trago nos vamos” Cozarinsky Por: Braulio...

    Publicacion: Jueves 18 de Julio de 2019 

    “Razones para desconfiar de sus vecinos” Por: Braulio Mantilla

    “Razones para desconfiar de sus vecinos” Por: Braulio Mantilla

    Publicacion: Viernes 12 de Julio de 2019 

    “La Perra” Premio de novela Por: Braulio Mantilla

    “La Perra” Premio de novela Por: Braulio Mantilla

    Publicacion: Miercoles 3 de Julio de 2019 
     
     

    Back to Top