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La Cruz instrumento de vergonzosa muerte Por: Reynaldo Jaimes Vergara



La Cruz instrumento de vergonzosa muerte Por: Reynaldo Jaimes Vergara  | EL FRENTE
No era legal condenar a ciudadanos romanos a la crucifixión porque resultaba humillante, pero, en el momento en que, Jesús de Nazaret, Hijo de Dios, cargó su Cruz para llevarla al Monte Calvario, giró la historia de la cruz, pues, no fue un simple viaje al lugar de la ejecución, sino que cada paso del Santo condenado, Cristo, cada acción y cada palabra, como todo lo que sintió e hizo al tomar parte en este trágico drama, hoy, continúa hablándonos.

Mediante su sufrimiento y muerte Cristo, también nos revela la verdad acerca de Dios, y del hombre. Para concentrarnos en el completo significado de este evento y convertirlo en manantial de gracia, de parte de Él, podemos preguntarnos, con un nuevo poder en nuestras mentes y corazones: ¿Qué significa tomar parte de la Cruz?
Desde la perspectiva de la Redención, Simón de Cirene, dignificado por la Cruz de Cristo, es la figura de todos nosotros, con quienes Jesús, comparte su obra de salvación, se hace nuestro compañero de sufrimientos y victorias en la vida, en la muerte y la resurrección. 

Bajo el peso de la Cruz, Jesús, acoge al cireneo en un total cambio de perspectiva de la cruz, pues, el Divino Condenado, es alguien que, en cierto modo, nos hace un regalo en su Cruz, pues, fue El quien dijo: “El que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí.” (Mat.10, 38)

Ser parte de la Cruz, significa experimentar en el Espíritu Santo el amor oculto en la Cruz; reconocer en la Luz del Amor nuestras propias cruces; significa levantar la cruz una vez más, fortaleciéndola por el amor de Cristo, para continuar nuestro viaje: el viaje a través de la vida imitando a Aquel que soportó la Cruz, y que menospreciando el oprobio se sentó a la diestra del Trono de Dios.
  
“El mismo que sobre el madero llevó nuestros pecados en su cuerpo a fin de que, muertos a nuestros pecados, viviéramos para la justicia, con cuyas heridas habéis sido curados.” (1ª de Pedro, 2,24) para que vivamos una vida de rectitud, en El.

El símbolo de la muerte vergonzosa, reservada para las clases más bajas del imperio, la cruz, se convierte en una llave para que, en adelante, la humanidad pueda abrir la puerta del más profundo misterio de Dios: la aceptación de Cristo y el instrumento de su propio anonadamiento, su Cruz, por la que todas las personas vendrán al saber que Dios, es Amor. Amor sin limitaciones, pues: “Tanto amo Dios, al mundo, que dio a su Hijo Único, para que todo aquel que en El crea no muera más tenga vida eterna. (Juan 3,16)

Esta verdad, acerca de Dios, fue revelada con la Cruz de Cristo. ¿Podría haber sido revelada de alguna otra forma? Tal vez. Pero, Dios, escogió la cruz por su Hijo y su Hijo la cargó, llevándola al calvario y sobre ella ofreció su vida: en la Cruz, Cristo, está sufriendo; en la Cruz, está la salvación; en la Cruz, hay una lección de amor, por lo cual cantamos a Dios:

¡Oh Dios!  El que una vez te ha entendido no desea nada más, no busca nada más. Señor Jesucristo, que aceptaste la cruz en las manos del hombre, en orden para hacerla un signo de Dios, guardando su Amor para la humanidad, concédenos a todos lo hombres y mujeres de nuestro tiempo la gracia de la fidelidad a tu infinito Amor, para que en este nuevo milenio podamos ser auténticos testigos de la Redención, y, a Ti, ¡Oh Jesús! Alabanza y gloria por siempre. Amén.” Fuente: Viacrucis del Papa Juan Pablo II.

reyjaimesc@gmail.com


Publicacion: Sabado 23 de Marzo de 2019 
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