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El municipio, la ciudad: Un estado pequeño Por: Luis Eduardo Jaimes Bautista



El municipio, la ciudad: Un estado pequeño  Por: Luis Eduardo Jaimes Bautista | EL FRENTE El gran problema de un columnista-periodista, cuando llegan las épocas electorales, nos volvemos académicos, científicos de la política y las ciencias sociales. En razón a que muchos quienes aspiran a los cargos de elección popular, algunos por primera vez u otros con experiencia en el manejo de lo público, buscan la voluntad del pueblo para ser elegidos.

Durante muchos años y con la Constitución de 1991, definió a Colombia como un estado social de derecho, en base a esa premisa, muchos quienes no son abogados y empiezan los caminos de la política, deben soportarse en la ley y jurisprudencia, para entender que es una entidad administrativa y como es el municipio y la ciudad; de ahí que en su mayoría quienes llegan al poder, no siempre están preparados para gobernar, ni administrar los bienes públicos. Primero se debe entender, que la reunión de los municipios forma un estado. Los territorios municipales es un mini estado, delimitado por la legislación y la población que en el reside, conllevando que dentro de él está la ciudad y que posee un número mayor de población con centros de desarrollo comercial, industrial, educativo, bancario, religiones, servicios y sede gubernamental o administrativa.

Administrar un municipio y la ciudad, para muchos que buscan elegirse por el pueblo, sueñan y piensan que es fácil, teniendo en su cabeza un plan de gobierno, muchas veces traído de los cabellos, con solo saber que las necesidades de la población se pueden solucionar con el poder de la mentira.  Siendo todo lo contrario, porque esa búsqueda de poder y la idiosincrasia de los centro urbanos los aleja del mundo rural y los expone a la tentación de autogobierno; cuando más se siente en la marginalidad del campo y sus habitantes de corregimientos y veredas, campesinos que surten las despensas de las cocinas de la ciudad. Aislados por la falta de vías y servicios públicos básicos. Él también es un ciudadano que participa de la democracia, pero en su mayoría le compran el voto.

La ciudad también le pertenece y muchas veces es habitante, cosmopolita que fomenta el intercambio y lo hace entregando su voluntad a un político en los comicios electorales que después se olvida. La alegría los llena con abrazos y compartir popular de eventos deportivos, comidas, almuerzos y entrega de los suvenires de campaña.

En estos espacios se ve la realidad como una clara expresión que las ciudades crecen en una desigualdad por grupos y sectores, donde impera la discriminación, el desempleo, la mala calidad de educación y la violencia. Cultivo para los pequeños capos que dominan estas comunidades, dejando que el lucro de este lumpen se imponga por encima del bienestar, la dignidad, las necesidades y los derechos de las personas y la naturaleza.

Las voces que claman sinceras por el cambio del paradigma que permita entender los asentamientos humanos y los territorios como bienes comunes, espacios para la vida y creaciones colectivas que se deben cuidar y trasformar para las generaciones futuras, los políticos solo las buscan por los meses de proselitismo político y se olvidan cuando son elegidos o algunos los buscan para satisfacer algún gasto educativo, servicios públicos, un empleo, la salud y cosas que se vierten en la individualidad, perdiéndose lo colectivo.

Igual lo hacen, desde la célula del Edil, Concejal y Alcalde. El derecho colectivo que aglutina derechos reconocidos y constituyen la plataforma de acción para reclamar nuevos derechos o crecer en la participación democrática (porque ella no queda en el voto) va más allá de exigir que los presupuestos se inviertan de manos limpias. Seguiré hablando de este tema que muchos desconocen, porque en su mayoría se alimentan de apetitos burocráticos.

Publicacion: Sabado 6 de Abril de 2019 
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