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    Vanidad y Gobierno Por: Jaime Galvis Vergara



    Vanidad y Gobierno Por: Jaime Galvis Vergara | EL FRENTE
    Hay un problema viejo que últimamente se está acentuando, es aquel de los gobernantes espectáculo. Desde la antigua Roma hubo comediantes en el poder con actitudes funambulescas y a veces decididamente psicóticas. Esto que en imperios y monarquías generalmente se debió a accidentes genéticos, en los gobiernos de elección popular se ha tornado en una epidemia. De por sí, ganar una elección popular es un logro que aguijonea la vanidad. Esto puede llevar a un ensimismamiento debido al cual el gobernante no se siente obligado a remediar los problemas de sus electores, sino a satisfacer sus caprichos personales.

    En épocas recientes esta clase de personajes pintorescos han menudeado en diversos países, son conocidísimas las excentricidades de Berlusconi en Italia, las bufonadas de  Nicolás Sarkozy y François Hollande en Francia, El indeclinable entusiasmo de varios mandatarios brasileños por la ingeniería faraónica,  la interminable secuencia de corruptelas y abusos de los presidentes del PRI en México, las ceremonias y condecoraciones que tanto atraían a ese lamentable personaje que fue Haile Selassie en Etiopia, los ruinosos errores de los gobiernos de la Unión Soviética, las inútiles guerras de los cubanos en África,  las costosas intervenciones militares de los Estados Unidos de América en guerras ajenas, los proyectos faraónicos en países pobres, tales como el canal interoceánico en Nicaragua.

    Extravagantes proyectos de nuevas capitales tales como un día lo fue Brasilia, este ejemplo cundió en varios países africanos y del Asia Central, tales como las nuevas capitales de Nigeria, Costa de Marfil, Tanzania, Kazajstán, Kirguistán, Turkmenistán y Pakistán.

    En muchos casos la vanidad del gobernante se manifiesta por el cambio de ideario político al presentar un programa de gobierno en la campaña y luego de la elección cambiar radicalmente el derrotero político, de esto ha habido numerosos ejemplos, tales como el de Teng Siao Ping en China, Felipe González en España, Gorbachov en la  antigua Unión Soviética, Fidel Castro en Cuba, Lula da Silva en Brasil, Hugo Chaves en Venezuela, Juan Manuel Santos en Colombia, Lenin Moreno en Ecuador, Alan García en Perú, los Kirchner en Argentina, Anwar Sadat en Egipto, Recep Tayyip Erdogan en Turquía, Rodrigo Duterte en Filipinas, etc. Las mutaciones políticas son muy frecuentes y obedecen en muchos casos al oportunismo y en otros a un pragmatismo que permite ver la diferencia entre la realidad y las teorías políticas que inspiraron al candidato. La vanidad personal ha sido frecuentemente la causante de populismos perjudiciales para los países.

    En Colombia esta clase de piruetas políticas ha sido relativamente frecuente tanto a nivel presidencial como en las administraciones departamentales y municipales. Uno de los temas en que el oportunismo ha sido aberrante es el del orden público y la paz. Ha sido un problema manejado con innegable torpeza, se puede afirmar que varios mandatarios en plan de fama y gloria han fomentado la subversión y la delincuencia al creer que base de tácticas de apaciguamiento se puede lograr la paz, cuando lo único que han buscado es prebendas y honores inmerecidos. Cada proceso de paz ha significado un aumento sustancial de la guerrilla y la delincuencia, lo cual ha perjudicado gravemente la vida de ese ciudadano común y corriente que ha votado por los pavos reales que lo gobiernan.

    Otro aspecto aberrante de la vanidad gubernamental se presenta en el excesivo garantismo que en la práctica está produciendo un gobierno de minorías, los subsidios demagógicos y el abuso de la “comunidades” están paralizando el País. Por otra parte, están las imposiciones caprichosas tales como una apertura económica ruinosa, una nueva constitución política no pedida, unas obras innecesarias y costosas como el Transmilenio por la carrera séptima de Bogotá o el Santísimo en Bucaramanga.

    Publicacion: Miercoles 24 de Abril de 2019 
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