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“La Perra” Premio de novela Por: Braulio Mantilla



“La Perra” Premio de novela Por: Braulio Mantilla | EL FRENTE
Aun hoy, sigue siendo novedoso ver a mujeres liderando y generando procesos de importancia. ¿Que si las cosas han cambiado? claro que han cambiado. Antes era más bien raro, y mucho antes, resultaba escandaloso. Sin embargo, a lo largo del continente podemos ver ejemplos de una relevancia interesante, incluyendo el campo literario, donde los hombres pernotaban dueños del pensamiento.

En Argentina podemos ver a Fernanda García Lao; en Paraguay a Lita Pérez con novelas como “El Encaje Secreto”; en Bolivia a Liliana Colanzi con “Vacaciones Permanentes”; en México a un grupo de escritoras como Cristina Rivera Garza, Rosina Conde, Arminé Arjona y Elpidia García. Hoy en día las escritoras han ido apareciendo en las listas de ganadores de premios. Es el caso del premio Biblioteca de Narrativa Colombiana 2018, el cual fue ganado por la colombiana Pilar Quintana, con “La Perra”.  
    
El tema de la novela no es el de una mujer libidinosa. No; asume con gran destreza en el manejo del lenguaje, la manera como un animal representa los destinos humanos, y muy especialmente los sentimientos que llevamos todos dentro. Tal vez se cumpla la frase ramplona: “Las mascotas se parecen a su dueño”. A través de este animal se forja un espejo, un maremágnum oculto de sentimientos en los que estamos dibujados todos, en medio de nuestro tedio, indiferencia, intensidades y pasiones atrincheradas que deseamos negar. Muy especialmente el de las mujeres y su recurrente instinto materno.

Lo más interesante de “La Perra” es cómo la autora: Pilar Quintana, es capaz de asumir la exigencia de la narrativa, presentando a una mujer sin los complejos del “feminismo” (más allá del contenido político). No se ve enredada en esa discusión bizarra de quien es mejor, o aspectos similares. Incluso, logra superar la paupérrima auto-victimización con la que se excusan muchas mujeres, para intentar esconder su falta de una verdadera autonomía (y por el que algunas jóvenes por irreverencia se asoman a un falso lesbianismo). La protagonista termina matando a la perra con sus propias manos, de una manera espeluznante, en medio de un drama interior que nos acerca a Dostoievski, a Poe, o tal vez a Kafka. O solo a Pilar Quintana.

Aun en su normalidad natural y cotidiana, no se sabe quién es más desquiciado, si Damaris o el negro Rogelio. Claro está, el manejo de estas pasiones interiores, son tan bien tejidas, que los personajes no se encuentran ensuciados de estereotipos pamplinezcos. Sencillamente se trata de personajes comunes, viviendo situaciones comunes, las cuales de alguna manera hemos vivido todos. Solo que hay momentos en los que los seres humados pueden llegar a descargar su pación, tal vez, no tan intensa como la de Damaris, pero sí tan profunda (Aspectos que me recuerdan a “La fragilidad del bien” de la filósofa norteamericana Martha Nussbaum). Solo que, en una explicación lógica, pueden llegar a ser demasiado soterrados, ocultos y anestesiados. Aspectos que en algunos momentos aparecen como auto-victimizados.
 
Damaris es una mujer que no pudo ser madre, tan erógena como cualquiera, bien intencionada y con la capacidad afectiva de cualquier ser humano que se deja conmover por la vida; por la existencia. Con aquellas “cosas” que trae consigo, para darnos esas grandes lecciones... Una novela corta, con una narrativa más bien de cuento, pero que en momentos se detiene para deslumbrarnos con la riqueza de sus imágenes. Con la poética de su mirada. Esa de algunos pintores (citaría a Jairo Pinto) que, en medio del minimalismo, de su abstracción o expresionismo, de repente sorprende a todos con el fragmento de un rostro figurativo, para que no quede duda de las destrezas con la que se borran las dudas de aquellos que aún no han ascendido su mirada más allá de la vida práctica.

“La Perra”, Damaris, Pilar; una gran obra, una gran lección de parte de una gran mujer, que vivió el contexto selvático del Chocó, donde se desarrolla la trama. Una autora, de esas que superaron las discusiones básicas de género, la auto-victimización y, sobre todo, que no esconde sus deseos, sus decisiones y hechos de adulta, en el drama de papeluchos confusos de intelectuales a medias.



 
 
Publicacion: Miercoles 3 de Julio de 2019 
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