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“Razones para desconfiar de sus vecinos” Por: Braulio Mantilla



“Razones para desconfiar de sus vecinos” Por: Braulio Mantilla | EL FRENTE
“Lo primero que hice fue correr a esconderme en la cocina, detrás de la nevera, que no sé por qué siempre he creído que es el lugar más seguro de la casa. Sin embargo, ahí empecé a pensar en cámara lenta. Te van a matar como un perro, me decía. Eso me disparó a taquicardia, y la taquicardia me disparó la paranoia, y de ahí en adelante todo fue temblores y sudor frío”.

Luis Noriega, ha sido el único colombiano ganador del Premio hispanoamericano de cuento “Gabriel García Márquez”. Las demás versiones siempre han estado arrebatadas por españoles y argentinos. Bueno, hablar de siempre, no es que tenga mucha exactitud, pues tan solo van cinco versiones. Es un concurso reciente. El anterior año fue otorgado al excelente trabajo del escritor gaucho Cozarinsky. El que ganó Noriega se celebró en el 2016. Curiosamente la convocatoria anterior, la había ganado la escritora boliviana: Magela Baudoin. Cosa que sorprende, porque ese hermoso país no ha pertenecido a las grandes tradiciones literarias más sobresalientes del continente. De hecho ya ha habido otra postulación (femenina) de esa nación en este concurso.

El producto narrativo de Noriega se encuentra desplegado en una corriente urbana, muy urbana (como diría él mismo). El sarcasmo, la ironía y el cinismo no solo cimientan, sino demuelen cada uno de sus hallazgos expresivos. En cada una de sus oraciones, se nota una gran precisión y cuidado, pero se encuentra tan bien elaborada que se ve suelta y hasta espontanea. Juega de manera muy natural con el combo de fraseo con el que ordinariamente integramos el acervo de la palabrería cotidiana.

Tal vez lo más interesante, por no decir deslumbrante, de sus pestañear verbal es la limpieza con la que ejecuta sus sacrificios. Nadie se espera que sea capaz de insertar y clavar la ponzoña con tanto desparpajo, pero sobre todo sin ningún dolor. No tanto por no tener veneno, porque lo tiene, y muy ácido; sino que le pone tanto color, dinamismo y simpatía, que da en la llaga jugueteando con el remedio que sabemos, remueve todo el malestar en el que nos encontramos inmiscuidos socialmente. Color fosforescente de los animales más venenosos que hipnotiza de manera mortal.    
A Noriega, como Caleño, podríamos ubicarlo en la línea de Andrés Caicedo, puesto que tiene algo de él, a lo urbano del siglo XXI (sin su romanticismo, claro está). O de pronto en las pataletas creativas de los nadaístas. Sí, podría ser… pero es que tiene ese toquecito incomodo del Bogotano “bien”, que cualquiera termina incomodo con leer un par de sus líneas. A veces, lo vemos tan justiciero con lo que odiamos, que más bien quisiéramos darle un abrazo.

“… solo los cajeros de bancos honrados se encoñan con un mal polvo”. El resto del cuento desarrolla la idea de que la pasión literaria no es la justicia sino la venganza en fases sucesivas…” A pesar de resultar “despiadadamente inteligente”, como planteaba Kundera, requisito para la ejecución de una buena literatura, Noriega no resulta un tipo resentido, se le nota la “buena familia”.  El hombre es un “niño bien”: Estudió en Bogotá y en Washington, y actualmente vive en Barcelona. A pesar de su agudeza hiriente, no se puede confundir la sevicia de sus personajes, con las “avivatadas” con las que algunos personajes del sector cultural (local y nacional), quieren disfrazar sus patrañas. Aspecto que más bien es señalado por Noriega, incluyendo la mortal politiquería y demás bichos infecciosos.

“Ahí empezaron las quejas. En primer lugar contra la revista “de Medallo”; en segundo lugar, contra la burguesía colombiana, que nunca ha sabido valorar a sus intelectuales como estos se merecen; en tercer lugar contra un gobierno que invierte más en armas para la guerra que en buenos y sesudos artículos sobre Al Pacino”.
Aunque exista algo de cierto en este tipo de expresiones, son solo puro cinismo. De lo que él se siente orgulloso es de “haberle conseguido arrancarle carcajadas a un montón de desconocidos”. Este logro es la diferencia entre humor y chiste. Definitivamente, un gran punto de partida hispanoamericano para ubicar el estilo de la más reciente literatura.






Publicacion: Viernes 12 de Julio de 2019 
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