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“En el último trago nos vamos” Cozarinsky Por: Braulio Mantilla



“En el último trago nos vamos” Cozarinsky Por: Braulio Mantilla | EL FRENTE
“Pompas Fúnebres… creo que en el momento en que esas palabras vinieron a mi encuentro me saltó un malestar infinito, un miedo sin objeto”.

Esta es la expresión de un personaje del cuento “El último tango”. Parece tomarse de la vida misma de Edgardo Cozarinsky (1939), quien al haber sido diagnosticado y tratado de un cáncer, se dio a la tarea de escribir. Aspecto que ya venía realizando con algunas publicaciones. Sin embargo la actividad cinematográfica, dramatúrgica y similares lo tenía absorbido. La literatura había estado retiñendo sus huellas, pero había demasiado por “transustancializar” (Horderlin). Así que ese acantilado sobre su salud, lo propulsó sobre las letras pendientes.

Cozarinsky fue el ganador del concurso de cuento más importante de lengua castellana 2018: el premio hispanoamericano de cuento Gabriel García Márquez, convocado por el ministerio de cultura de Colombia, desde hace 5 años. En el momento mismo de esgrimir su participación, cualquiera podría dar por supuesto donde quedaría suscrito el galardón. Edgardo es uno de los altos vuelos de la literatura actual. Es una de esas aves legendarias que pueden hacer de las suyas con medio cerebro dormido. Su libro de cuentos “En el último trago nos vamos” contiene esa solidez monstruosa.

El autor argentino de abuelos Ucranianos, nos “pinta” como en la sutileza placentera de una acuarela, esa instancia mistérica de la vida, que la hace digna de vivir. Nos recuerda, por no decir que nos comprueba, la dimensión de la vida que se ha vertido con la exquisitez de las letras, de la música, del tango, del arte en general. Acto lúcido de la conciencia, en contrapartida con esa prisa lastimera de una sociedad en estampida, que parece más interesada en arrebatar al otro sus opciones, que de poder disfrutar de su propia cosecha. Con Cozarinsky se vive la bruma del viaje en ferri de Montevideo a Buenos Aires, de unas cervezas en el Zócalo mexicano, una caminata por Savannakhet en Laos… o el enorme acervo de la literatura Rusa expuesto en el cuento. “La dama del pique”.

Sí, precisamente en la “Dama del pique” danzamos a ritmo de milonga por la nostalgia de los añejos y elegantes casinos, que al igual que el hipódromo, han sido salvados por la presencia de las “maquinitas” (tragamonedas). Su pausado y prolífico deleite por la literatura de la Europa Oriental, nos recuerda a Roberto Bolaño en “Detectives Salvajes”, con esa asombrosa alegoría a la rima poética.  Sin embargo, a veces parece que nos estuviera hablando en otro idioma. O desde otro mundo. Los títulos de sus cuentos, por ejemplo, no parecen corresponder a sus relatos. De hecho, yo titularía el libro ganador (con todo respeto y admiración): “En el último tango nos vamos”, tal vez, para rematar el hermoso cuento “Noches de Tango” donde la bella Natalia Frank no sabemos si solo permutó el asombroso reflejo perdido en el espejo.

Pero, claro está. Qué se podía esperar de alguien que frecuentaba a Borges, Bioy Casares, a Silvia Ocampo. Comentado por Susan Sontang y Cabrera Infante. Alguien que habita en un país portátil (como dijo Luciano Lamberti). Cozarinsky escasamente dura tres meses sin viajar. Oírlo hablar de su Buenos Aires, como de la madre Rusia, de parís: “París es el supermercado cultural, y Buenos Aires la Capital del Placer”, es tan placentero como escuchar a Carlos Monsiváis con su eterno D. F. Mexicano. O de la misma manera que la Cartagena de Burgos Cantor. A sus 80 años cumplidos tienes derecho a todo. Hasta presagiar “La otra vida”, cuento en el que algunos muertos, pueden durar como fantasmas por Buenos Aires, tres años más.

En definitiva un voto más, un brindis por la actual y nueva literatura que como todas las verdaderas expresiones de cada época, ha sabido estilar su contexto. Una lúdica correspondiente, que se cruza por los caminos de quienes hemos pronunciado la existencia vital, el valor intrínseco de la presencia como hecho cultural. Miradas que debieran ser reconsiderada por las instituciones, especialmente a las que se les asigna dicho papel. Por la empresa privada en su responsabilidad social. Por algunos cultores protagónicos a quienes hay que cuestionar su coherencia.



Publicacion: Jueves 18 de Julio de 2019 
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