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Señor Empresario Por: José Caicedo Solano



Señor Empresario Por: José Caicedo Solano | EL FRENTE
El principio de tener un juguete, es una pasión universal, que es llevada por todos los seres vivos, en mayor o menor proporción, de acuerdo a su racionalidad, lo mismo que también, se extiende a todas las edades, principalmente del ser humano.

Ese concepto, que el juguete, va a una población infantil, es cierto, pero no es único.
El sentimiento humano, no tiene edad, y, por tanto, en cada etapa de su vida, tendrá la necesidad de “jugar con algo”.  Recordemos, que después de una faena o extensa tarea a realizar, ya sea física o intelectual, que mejor, tener un cambio de actividad hacia el goce con una sonrisa espiritual.

El ser viviente, es un campo de energía en constante actividad, y salvo una persona con trastornos mentales, los demás se enfocan a ese descanso que es conseguir la alegría con el concepto, que expresan, los grandes filósofos, que la conducta de la persona, se moldea de acuerdo a la sociedad que lo rodea. Por eso, los juguetes bélicos están cuestionados, ya que la formación del niño, es el resultado de la conducta del adulto. En la formación lúdica, se debe jugar a ser médico, enfermero, bombero, profesor, y no al “soldado de la patria, echando plomo”.

Los grandes psicólogos del mercadeo capitalista, señor empresario, ven en esta conducta humana de la recreación, un factor muy importante para la venta de sus productos y servicios, ya que, así sea vender un almuerzo, lo que se llena es el alma, y no el estómago, porque aparte de suplir la necesidad alimenticia, se cumple con el placer del sabor o el encuentro familiar, empresarial o de la fina amistad.

Cuando, usted, señor o señora de los cuarenta, cincuenta o más años, se compra su “pichirilo” (carro nuevo), en verdad, aparte de adquirir un medio de transporte, está llenando su alma con esa linda y no envidiable vanidad propia de tener ese “precioso juguete”.

El amor hacia todo lo que imprima felicidad, es el mejor juguete.  Felicidad en mi ser egolátrico, no es altruista, sino trasciende por lo menos a uno más.  Yo solo con mi carro no gozo nada. El hecho de compartirlo suma sentimientos, que son multiplicados en proporción geométrica, porque uno hace feliz a dos, dos a cuatro, cuatro a ocho y así sucesivamente.

En proporción de tiempo, es sabido que, en una temporada de fin de año, en términos generales, se vende más, no por ser la última parte de esta medida del universo, sino porque se acompaña con el sentimiento religioso de la navidad y el placer del punto final.  Ir a trabajar a su oficina, es “jugar”, es extender alegría, no es ser “esclavo del trabajo”. Siempre que vendamos algo, tengamos presente, que le hemos entregado “ese juguete” que el cliente estaba necesitando para suplir su “recreación”.

Publicacion: Viernes 26 de Julio de 2019 
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