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Se busca a José Fouche Por: Ángel Alirio Moreno Mateus



Se busca a José Fouche Por: Ángel Alirio Moreno Mateus | EL FRENTE
“Traidor de nacimiento, miserable, intrigante, de naturaleza escurridiza de reptil, tránsfuga profesional, alma baja de esbirro, abyecto, amoral y no le escatiman las injurias”. Esa descripción corresponde a la que hace uno de sus biógrafos, al acercarse al genio tenebroso, al genio singular llamado José Fouché, el duque de Otranto.

No me ocuparé de José Fouché el duque de Otranto, que nació en mayo de 1759 en el Puerto de Nantes. Pero sí de uno que nació igualmente delgaducho y anémico, nervioso, feo y careciendo de toda aptitud para cualquier oficio. José Fouché “Un niño que al cuarto de hora de correr o de jugar con los demás chicos se cansaba y del cual sus padres se preguntaban con frecuencia ¿Qué hacer, pues, con una criatura tan débil? se preguntarían sus padres, no sin inquietud, porqué en la Francia de 1770 no hay todavía lugar adecuado para una burguesía ya despierta y en empuje impaciente”.

Nuestro José Fouché al que quiero que me ayuden a encontrar y que lo dejo como tarea desde esta columna, es uno, que, teniendo las mismas características, sin ser hijo de mercaderes y marineros, lo es de familia de educadores, vendedores de ilusiones y campesinos de provincia. Uno que pudo formarse en la doctrina jesuita y queriendo ser sacerdote terminó estudiando en universidad de tendencia católica y aunque demorado en graduarse por introducir sus manos amoralmente donde no debía, pudo tardíamente recibir su pergamino para orgullo de su progenitora.
El José Fouché de nuestra historia no resulta del todo de desagradable presencia, pero, aunque de “cuerpo seco, casi espectralmente esmirriado; cara de huesos finos y líneas picudas; afilada nariz, afiliada y estrecha también la boca, siempre cerrada; ojos fríos de pez bajo parpados pesados, casi adormecidos, con las pupilas de un gris felino como bolitas de cristal”.  Recomiendo la lectura de la obra de Stefan Zweig de la editorial Porrua. 

El José Fouché nuestro, deambula por el área metropolitana, es de malas en el amor y frio en las sabanas, tanto, que consta en documentos que sus primeras nupcias, fueron anuladas por la curia diocesana por un decreto canónico, pues trascurridos cerca de ocho meses el matrimonio no se consumó por baja producción de libido y testosterona. De ahí en adelante el rastro de sus cobijas y sabanas muestran la precariedad de su desempeño, deambulando por los caminos que recorrió Don José María Rueda Gómez el Conde de Cuchicute, como queriendo ser el dueño de muchos títulos y muchas tierras acercándose a tal cual dama con alguna posición y dinero.
Trata de incursionar en política y lo hace usando algunas argucias, como acercarse a aquellos a los que llama corruptos, pero sus ojos brillan ante los montones de monedas de oro que le muestran, de las que puede llegar a ser su poseedor o su propietario. Imagínense ustedes cual es el José Fouché de esta historia.        
    
   
 
Publicacion: Sabado 10 de Agosto de 2019 
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