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Señor empresario Por: José Caicedo Solano



Señor empresario Por: José Caicedo Solano | EL FRENTE
Para los “monarcas” chinos, es más importante, mantener los secretos sobre una epidemia mundial, que hacerla conocer, para tomar las medidas rápidas, y lograr por lo menos su apaciguamiento, cuya voluntad de ayuda de todos los científicos, traspasa las fronteras geográficas y políticas.

Pero en este estado totalitario, que le importa es la solidez del régimen, es decir, la misma cúpula en el poder, sin entregar garantías de libertades de acción u opinión, condenan a muerte, o dejan que muera por el coronavirus, al señor médico de 33 años de edad, llamado LI Weillang, por “alterar el orden” y “exceder en las leyes”, al denunciar que esa pandemia era de altas proporciones y podía extenderse por todo el planeta azul. Los primero que hizo el estado al conocer la noticia, fue tomarlo preso y condenarlo a la soledad sin que allí estuviese siquiera una ayuda humanitaria. Es decir, un crimen de estado, en donde el médico se murió solito. Fue para el estado, “una muerte natural.”

Este episodio, lo podríamos traer a nuestra Colombia querida, y podríamos pensar, que si nuestro régimen fuera de la naturaleza de China, Venezuela, Cuba, como lo idolatran los mamertos criollos de izquierda, y un científico, como, por ejemplo, Patarroyo, denunciara una malaria de altas proporciones, entonces el presidente de turno en lugar de llamarlo para que colabore en la parte sanitaria, lo confinaría en una cárcel, lejos del mundanal ruido. Estas son las diferencias entre las democracias y los totalitarismos.

La China, le apunta a un gran orden mundial, y quiere consolidarse como un amo del mundo sin disparar un solo tiro, como si lo quisieron hacer otros pueblos, como Alemania, Japón, la misma Roma con sus lanzas y flechas y algunos árabes con petróleo y plomo. Por eso, actualmente, con la gran disputa comercial habida principalmente con los Estados Unidos, como decimos en Santander, “este vainazo” del coronavirus, es un golpe de grandes proporciones económicas, en donde se les daña el turismo y la misma entrega o exportación de sus productos, así se diga, que el contagio es solo de persona a persona. La gente como dicen en Venezuela, se vuelve “machira chico” y no quieren ser “pingas” de recibir algún contagio.

Pero los regímenes, deben propender por un alto respeto a la persona humana de bien. No de los malhechores, como lo expresó un generalito colombiano refiriéndose a la muerte de un asesino, y el Zapateiro quedo como un chocato. Los europeos, desde 1957, piensan en el desarrollo, como la vía para que la persona humana tenga, más grandeza, es decir, su población, no sus camarillas.

Señor empresario, si un “súbdito” suyo, descubre un” cáncer” en su empresa, no lo mande matar, porque la denuncia que él hace, es para su favor. No seamos erróneamente brutos, como los chinos, que pensaron que matando al médico se acababa la enfermedad.

Publicacion: Viernes 14 de Febrero de 2020 
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