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Taxista: oficio peligro. Para Armando cada día es una historia distinta que "rueda" por Bucaramanga



Taxista: oficio peligro. Para Armando cada día es una historia distinta que Después de unas largas horas de hacer el recorrido de un taxista, poniéndose en los zapatos de ellos, de soportar el calor, el ruido de los pitos y trancones, don Armando contó uno de sus días más difíciles en el que estuvo expuesto al peligro, su rutina de trabajo, el dinero que tiene que sacar a diario para mantenerse y unas cuantas anécdotas que le quedaron.

Siendo las seis de la mañana, se escucha el ruido escandaloso de aquel despertador negro que suele interrumpir el sueño cada mañana de don Armando, uno de los miles de taxistas que trabajan en la ciudad en busca de su sustento diario. De un salto se levanta de la cama, y se mete a la ducha, que aunque no tiene que cumplir con un horario es la hora perfecta para salir a trabajar y en menos de diez minutos está listo para comenzar otro día de trabajo.

Coge sus llaves y mientras baja las escaleras de su apartamento mira hacia el firmamento que clarea, señal de anuncio de un caluroso día.

Enciende su carro amarillo y espera unos minutos mientras el motor se calienta un poco, mientras tanto, empieza a sintonizar emisoras en la radio, una costumbre de todos los días, para escuchar noticias.

Todos los días vive aventuras nuevas, trabaja con cientos de personas al día diferentes, recorre la ciudad de extremo a extremo y entabla conversaciones con los pasajeros durante el recorrido, de no ser así, cada jornada sería muy aburrida para él.

Apenas al salir de su casa, unas cuadras arriba, una abuelita de baja estatura, bastante maquillada y elegante sacude su mano señalando necesitar su servicio, don Armando frena y le abre con amabilidad la puerta a la pasajera, ella lo mira con asombro e incrédula a la vez, puede que ningún taxista lo haga, pero él lo hace de vez en cuando, con las señoras, pues le gusta mostrarse como un caballero y brindarles un mejor servicio.

Al subirse, la pasajera le pide que la lleve al centro de la ciudad. Inicia su recorrido por el puente Provincial don Armando decide entablar una conversación:

– ¡Hoy sí que está calentando la luna! –Le dijo–.
–    ¿Cómo me dijo? –Dice ella al no entender la frase–
–Que ¡qué calor que está haciendo hoy! –Reiteró, cambiando la frase–.
–Sí señor, bastante. –Le respondió ella– con un tono seco y cortante.

Don Armando intentó hablarle nuevamente, pero ella se quedó callada haciéndose la que no era con ella y empezó a ver por la ventana como niña chiquita conociendo la ciudad. Don Armando no le volvió a decir nada, subió el volumen de la radio y continuó con el recorrido.

Así suele ser cada día. Escucha la radio, ve noticias y lee el periódico, pues le gusta estar enterado de lo que pasa en el país, y como prácticamente todo el día comparte con diferentes personas le gusta preguntar, esto lo hace para entablar una conversación y no hacer tan largo cada viaje, aunque también hay unos que no les gusta hablar, como la señora.

Hoy sábado, como es muy bueno el trabajo, don Armando decide no ir a almorzar a su casa y comer en algún lugar, por esta razón se dirige al restaurante doña Rosa ubicado el barrio Girardot, lugar en donde otros compañeros taxistas recurren para comer.

- donde usted vea un lugar lleno de “amarillitos” es porque es buena la comida: dijo don Armando y así hay muchos lugares apetecidos por ellos como la 61 de la ciudadela para comer cabro, la 14 para papas chorreadas, los ayacos de las 56 frente a la Isla, entre otros cuantos lugares favoritos por ellos.

LA TARIFA

Don Armando lleva doce años como trabajador en un taxi, que no es de él, ocho años aguantando trancones, pitos, contaminación ambiental y el humor de sus pasajeros. Además de eso le toca cancelar una tarifa de $85.000 diarios.

Trabaja desde las 6:00 de la mañana hasta las 9:00 o 10:00 de la noche, pero los sábados como es bueno el trabajo alarga su jornada hasta media noche.

Maneja aproximadamente unas 14 horas diarias descontando dos horas que se toma de almuerzo, cosa que no sucede en muchas ocasiones, 14 horas sentado frente a un volante, recorriendo la ciudad esperando su próximo pasajero.

-    No todos los días hago la tarifa, hay que tener en cuenta que aparte de esa tarifa tengo que incluir lo de la gasolina que se me van $50.000 y además lo que llevo para mi casa que son más o menos $40.000 o $50.000 y eso cuando me va bien.
Con la llegada del transporte informal a la ciudad don Armando, y demás compañeros, se han visto afectados debido a que la gente ya no utiliza como antes los taxis,
 
-     Hoy vemos carros viejos piratas, el Uber y las motos nos están matando.
Por esta razón el admite que muchas veces se rebaja y realiza una que otra carrera más económica que lo que marca el taxímetro ¡O es eso o no es nada!
Muchas veces ha llegado sin plata a su casa por cumplir con la tarifa y demás gastos que requieren de su trabajo diario.

-    Antes el trabajo era muy bueno, yo llegaba con más plata a la casita, podía darle más gustos a mi esposa y a mis hijos, ahorita me toca restringirme de esas cositas para poder vivir con lo necesario.

EL PELIGRO

Don Armando quiere el taxi como si fuera de él, lo mantiene limpio, conserva un rosario en el retrovisor y una caja de pañitos kleneex. Dice que le gusta su trabajo, pero también está expuesto a cualquier peligro.

Es un trabajo muy riesgoso, recoge a cientos de personas que no conoce, los lleva a sectores peligrosos de la ciudad, se enfrenta con gente grosera, de mal humor, y hasta agresiva.

Un día en Provenza, una pareja le sacó la mano, se orilló y paró. Antes de que los dos se subieran se acercó un hombre y le dijo: – Seño, me hace el favor y me lleva al barrio Villa Elena por $4.000
–Nooo mano, eso no vale ni la mínima. Los llevo por $5.000
–Listo, hágale.

Él pensó que le iban a decir que no. Y en el momento en que se subieron don Armando sintió una mala energía, sin embargo, él continuó con su camino y por medio del retrovisor los observaba constantemente.

Al parecer eran novios, la mujer se sentó detrás de su asiento y el hombre detrás del copiloto. Ambos observaban cada parte del carro como si estuvieran examinándolo…
Unos minutos después la pareja intercambió de puestos, lo cual lo puso impaciente llenándolo de temor, así que se desvió por otro carril en donde estaban cuatro policías haciendo retenes a motociclistas.

El hombre me dijo: – Oiga parcero, ¿por qué se fue por acá? Por acá es más lejos.
–Qué pena, me equivoque. Fueron las únicas palabras que le salieron de su boca.

A don Armando le empezaron a sudar sus manos y sentía que su corazón se aceleraba cada vez más rápido, por lo tanto en el momento en que iba acercándose a los policías hizo cambios de luces tres veces seguidas como una señal de ¡AYÚDA!

Inmediatamente el Policía le señaló que se orillara, sintiéndose un poco más seguro pero con la zozobra a la vez. En seguida los policías comenzaron a realizar una requisa en el taxi. Don Armando se hizo en la parte delantera del vehículo mientras los pasajeros miraban detenidamente al policía que estaba realizando la requisa.
Unos segundos después el policía encontró un cuchillo bajo del tapete del asiento trasero en donde iban los pasajeros, por lo tanto el policía miró a don Armando y le preguntó:

-    Mire lo que encontramos, ¿Esto es suyo?
-    No señor agente, yo no porto armas, y si fuera mío no lo guardaría atrás
-    Entonces esto es de ustedes – dijo el policía mirando a los pasajeros –


Respuesta que negaron los pasajeros, por lo tanto don Armando apartó al Policía a un lado y asustado le contó lo que había pasado. El Policía lo miró creyendo lo que decía y le dijo:

– Los vamos a dejar acá con nosotros para hacerles un seguimiento.
 – Páguenle entonces la carrera al señor que ustedes se quedan con nosotros: dijo el policía.
-    No tenemos plata. - Dijo la mujer -
-    Y entonces ¿con qué iban a pagar la carrera? – dijo el policía.
-    En la casa nos la iban a pagar, respondió.

Razón por la que el policía le hizo una señal a don Armando de que se fuera, además él no esperaba que le pagaran, solo quería que se bajaran de su carro, pues ese episodio fue aterrador para él y de no ser por el retén quien sabe qué habría pasado.

- Era la primera vez que me pasaba algo así, por esa razón prendí mi carro y me fui, compré una bolsa de agua en un semáforo, me la tomé de un sorbo, le di gracias a Dios y continué con mi trabajo.

Situaciones como estas, están expuestos todos los taxistas de la ciudad, a muchos han robado, golpeado y hasta matado, cosa por la cual corrió con suerte don Armando, quien también afirma que por la inseguridad en la ciudad es que evita ir a algunos sectores y aunque la gente muchas veces se moleste por no aceptar el servicio él piensa en su salud y en su familia, porque ha tenido a varios compañeros que han pasado por situaciones peores de la que él pasó.

LA NOCHE

Al caer la noche se dirige hacia Cabecera, lugar donde hay variedad de discotecas en las que muchos jóvenes salen a bailar, beber, fumar y disfrutar del fin de semana. Este lugar llamado “cuadra play” antes conocido como “cuadra picha” acuden personas de todas las edades a cambiar de ambiente.

Observa cada rincón de las discotecas. Fuera de ellas hay mujeres con vestidos cortos y escotes profundos, algunas con cigarrillos en la mano, parejas de novios besándose apasionadamente y jóvenes metiendo vicio… Así viven algunos su juventud.

Después de rodear el lugar, siendo las 12 de la noche le saca la mano un señor al parecer de unos 30 años que cargaba en sus brazos a una niña, pues no parecía que fuera mayor de edad. La mujer se encontraba en estado de embriaguez, no podía casi ni caminar. El hombre la sube bruscamente al taxi y le dice:

- Hágame el favor y me lleva al motel más cerca.

Anonadado e impresionado don Armando pensó en sus hijas, pues no quisiera verlas a ellas en una situación así. Se dirijo hacia un motel donde ya he llevado a varios pasajeros y en donde dan propina por cada uno que lleve.
En el trascurso del recorrido la niña se acuesta en las piernas del señor, y le dice:

–Tengo sueño y me duele la cabeza.

      –Ya mi amor, ya nos vamos a dormir. –Responde el hombre–

Con esa tonalidad de caballeroso en la que le responde, la niña no tiene ni idea hacia dónde la lleva. Él simplemente cumple con su labor y al llegar al recorrido el hombre me cancela y le dice: – Gracias hermano. Él solo desciendo su cabeza y no menciona nada.

Don Armando se quedó en el lugar un minuto más observando mientras la niña entraba al motel sosteniéndose de aquel hombre, detallándola y pensando en que era una mujer muy bonita con un cuerpo escultural que no creía que tuviera la mayor de edad.

Con esta última carrera culminó su día, dirigiéndose pensativo y un poco triste a su casa al pensar en esa niña y en el episodio que vivió hoy.

Finalmente agradece a Dios por un día más de trabajo y por cuidar de él. Conduce lentamente con los ojos cansados, agotado y con sueño.

Al llegar a su casa antes de bajarse cuenta el dinero que hizo en el día, separa la plata de la tarifa y de la gasolina en un bolsillo y lo que le sobra para llevarlo a su casa. Sube los vidrios del carro y se dirige a su casa con una cara de cansancio pero de satisfacción a la vez.

Entra a su casa, revisa el cuarto sus tres hijos como de costumbre, se toma un vaso de agua, se echa la bendición y se acuesta a dormir.

Por: Mayerli Camila Silva Marín
Periodista/EL FRENTE.
Publicacion: Sabado 20 de Abril de 2019 
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