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Vida y obra del Cardenal Emérito de Colombia, Monseñor José de Jesús Pimiento Rodríguez



Vida y obra del Cardenal Emérito de Colombia, Monseñor José de Jesús Pimiento Rodríguez  | EL FRENTE
Por RAFAEL SERRANO, director DIARIO EL FRENTE

Es un honor para la historia de la iglesia católica de Santander, y para nosotros en particular, en mi condición de director del Diario EL FRENTE y de nuestra red de comunicaciones conformada por la emisora Radio Lenguerke de Zapatoca y José Antonio Galán del Socorro, entrevistar al Señor Cardenal Emérito de Colombia, monseñor José de Jesús Pimiento Rodríguez, un personaje que ha cumplido un importante itinerario en la vida religiosa como miembro de la jerarquía eclesiástica de Colombia.

Dos veces presidente de la Conferencia Episcopal Colombiana, miembro de la comisión redactora del Concilio Vaticano Segundo, Obispo de Pasto, Montería y de Neiva, arzobispo de Manizales durante veinte años, Vicario Episcopal de San Gil, teólogo carismático, forjador de juventudes y consejero privado del Sumo Pontífice, especialmente de Papa Pablo Sexto, quien vino a Colombia y le confirió tan altas responsabilidades en el manejo de los asuntos del clero en nuestro país.

Próximo a cumplir cien años de su meritoria existencia, que se celebrarán por la gracia de Dios el 17 de enero de 2019; el Monseñor José de Jesús Pimiento Rodríguez nació en la levítica ciudad de Zapatoca, en el hogar formado por Agustín Pimiento y Salomé Rodríguez de Pimiento. Actualmente, lleva una vida austera, dedicada al estudio de los textos sagrados y a la orientación de comunidades religiosas, desde la casa de San José, ubicada junto al Seminario Arquidiocesano de Floridablanca. Monseñor Pimiento goza de perfecta salud y ha concedido este reportaje para el diario EL FRENTE, con motivo de los 76 años de labores de esta casa editorial.

El testimonio de una vida en comunicación con Dios

¿Cómo ha sido el recorrido de su vida, desde la levítica ciudad de Zapatoca, con sus estudios primarios en el Jardín de las Hermanas Bethlemitas hasta dedicarse por completo a la misión sacerdotal?

Monseñor JOSE DE JESUS PIMIENTO RODRIGUEZ: Ha sido una vida muy simple, una vida muy discreta, una vida sencilla y humilde, como simple ciudadano nacido en Zapatoca, pero de origen Barichara, ya que mis padres y sus ancestros fueron de Barichara, pero la familia se radicó en Zapatoca porque había sido perseguida políticamente en Barichara.

Nacimos allí la mitad de los hijos de Agustín y de Salomé, simplemente como un ciudadano de Zapatoca me fui a pie al seminario de San Gil, allí hice mis estudios de bachillerato, luego comencé la filosofía, hice primero teología luego me mandaron a Bogotá porque ya en San Gil no habían alumnos suficientes para el curso teológico y fui con dos compañeros más: Ciro Alfonso Gómez y Néstor Díaz Ballesteros, fuimos los tres a iniciar una etapa del Seminario Mayor o Teología en Bogotá.

Allí en Bogotá pasé los tres años finales de la teología, me ordenaron sacerdote prematuramente porque yo tenía la idea canónica, comencé mi Ministerio Sacerdotal con mucha sencillez en Mogotes, San Gil y después pasé a Vélez. Más adelante estuve enfermo de muerte por un tiempo prolongado en el hospital de San Gil, hasta que me recuperé y comencé otra etapa de mi vida.

R.S.: Monseñor cuánto tiempo de vida religiosa lleva en este momento

Mons. J.J.P.R: De vida religiosa desde el bautismo, pero como sacerdote 78 años como sacerdote presbítero de la iglesia, y un poco más de 57 como obispo.

R.S.: Pero comenzó como obispo de Montería

Mons. J.J.P.R: No, empecé como auxiliar del obispo en Pasto, pasé a Montería, pasé a Garzón pasé a Manizales.

R.S.: En Manizales libró una batalla muy fuerte contra una gobernadora

Mons. J.J.P.R: Fue una molestia que me causó el presidente Belisario Betancur. Fue una señora de una familia distinguida, liberal, porque le había dado unos voticos para la candidatura el presidente se consideró obligado a darle la gobernación. Ella vivía en estado anormal, en adulterio, casada con uno, se habían separado y se juntó con otro y eso para Manizales era una ofensa, no solamente para mí, sino para la sociedad; le reclamé y me respondió con mucha miel, pero miel de abejas, pero nunca resolvió nada. Tres años le estuve rogando que la quitara y no lo logré, sino que a lo último fue por política que para el último año de gobierno la quitó. Con Alfonso López Michelsen, liberal, en Pereira sucedió algo semejante, hubo un obispo en Pereira que actuó con derecho y reclamó, y en 24 horas Alfonso López le resolvió el problema, la cambió y dejó de hacer esa ofensa a la sociedad y al obispo.

R.S.: Ese fue un episodio bien importante

Mons. J.J.P.R: Importante porque indica cómo son los que gobiernan, que no tienen suficiente responsabilidad de conciencia y este López Michelsen era un poco alegre, era un hombre de mucha palabra, de mucha seriedad, de carácter, con el concordato tuve un episodio importante que el resolvió felizmente.

R.S.: Hablemos de su presencia en el Concilio Vaticano Segundo y también de las dos veces que fue presidente del episcopado colombiano

Mons. J.J.P.R: El concilio Vaticano segundo es un regalo de Dios a la iglesia y a la humanidad. Fue realmente una presencia especialísima del Espíritu Santo para orientar la iglesia del Siglo XX, que terminaba y del Siglo XXI, en que estamos viviendo. Ese Concilio vino a ser para mí la gran escuela espiritual, moral y pastoral porque allí aprendí el valor de la iglesia, la responsabilidad de ser obispo y como tenía que comportarme en mi ministerio apostólico. Fue un regalo especialísimo, fui desde Montería a dos sesiones y desde Garzón a las dos últimas; fue un aprendizaje completo, muy satisfactorio, muy confortante y que me ha servido en la vida para lo poco que he podido lograr. La obra que yo he cumplido es obra de Dios con un instrumento muy frágil, muy débil, pero que he procurado cumplir basándome en la sabiduría del Concilio para iluminar las tareas de hoy.


R.S.: Monseñor José de Jesús pimiento, su experiencia como Presidente del Episcopado colombiano en dos ocasiones

Mons. J.J.P.R: Tuve que aceptarlo porque la Asamblea Plenaria me impuso nombrándome con una mayoría muy apreciable. Y entonces lo acepté con humildad, no me sentía una persona para dirigir una asamblea de esa clase. El señor Cardenal Muñoz, quién no era Cardenal en su momento, fue el que me guió e iluminó para hacer una tarea positiva en la asamblea. En la plenaria, en ese momento el episcopado estaba muy unido, muy consciente de su misión, muy firme en sus mensajes a la nación con mucha fidelidad a la iglesia, a Roma y a cumplir la tarea sencilla y humildemente. Me reeligieron para un segundo periodo y entonces después fui a manifestarle en repetidas visitas al sumo pontífice Pablo Sexto, que me recibía con una caridad inmensa, una simpatía y emotividad espiritual, moral y pastoral que me dejaba muy conmovido.Eran para mí, lecciones también de vida pastoral.

Las visitas fueron bastante repetidas porque de eso dependía el cargo que tenía y el Papa me ha acogía siempre con mucha alegría y generosidad. Pero antes de esa tarea, estuve con la comisión del señor Lucio para analizar y discutir con los representantes del gobierno, los términos de la Reforma del Concordato que se firmó en 1973, pero el año 72 fue el año del trabajo peregrinal, cumplir con Monseñor Jorge Ardila un hombre muy sabio que sin ser jurista aprendió para manejar esos debates orientándolos con mucha seriedad y sabiduría.

Esa fue la tarea que me dejó muy satisfecho en la reforma, porque se logró en la asamblea episcopal en forma muy reservada, todos los términos con que se debía elaborar la reforma y esos puntos aprobados por la asamblea fueron los que se llevaron al debate y los contendientes del Partido Liberal aceptaron la reforma del concordato que fueron aprobadas bajo la presidencia de Misael Pastrana Borrero y la ratificación del documento fue con Alfonso López Michelsen.

R.S.: Dos mandatarios de distintas filiación política

Mons. J.J.P.R: completamente, por eso ese concordato tiene una fuerza grande porque los valores de los partidos y el pueblo colombiano están allí representados. Eso tiene validez, lo que pasa es que lo hemos descuidado y no se está cumpliendo.

Encuentro con lo más alto de la Jerarquía Eclesial

R.S.: En su lucha Pastoral, en su representación del Episcopado Colombiano, en la comisión redactora del Concilio Vaticano Segundo tuvo la oportunidad en distintas ocasiones de conocer a los sumos pontífices, ¿con quienes tuvo que tratar a lo largo de su carrera?

Mons. J.J.P.R: Bueno en el Concilio solamente con Juan XXIII y con Pablo VI, después conocí a con Juan Pablo I lo conocí siendo cardenal, a Juan Pablo II quien también lo conocí. Luego a Joseph Ratzinger, a quien quería entrañablemente por su sabiduría. Cuando fui a España a un Congreso de familias del Mundo, todos  esperaban saludarlo personalmente, hablar con él en algún momento, pero no se pudo, él no estuvo sino un día en España, en Valencia.  Habían 600 obispos en la reunión, no había chance de poderlo saludar, lo vi de lejos pero no pude disfrutar de la presencia directa del Papa Benedicto, a este de ahora, apenas lo vi ahora en Bogotá cuando vino a la visita de Colombia, lo saludé pero tampoco pude hablarle porque estaba fatigado del trabajo que traía y además se me atravesó otro anciano obispo y no me dio chance de hablar con él.

“Hay comunión espiritual para apoyarlo, sentir que es el gran jefe de la Iglesia y que merece todo nuestro afecto, nuestra devoción filial y nuestro servicio también en la medida en que podamos ayudarlo”.

R.S.: Pero Monseñor Pimiento me da base para preguntarle lo siguiente ¿Cuándo comenzó su amistad con el cardenal Bergoglio que actualmente es el sumo pontífice?

Mons. J.J.P.R: La amistad es espiritual solamente, no es una amistad de trato personal. Pero  desde que se hizo Cardenal le he escrito cartas, que son sumamente reservadas sobre temas de la Iglesia, importantes desde mi punto de vista y que él ha apreciado y las ha agradecido, pero no más. La relación con él no ha sido otra sino prácticamente oficial de oración, desde luego, hay comunión espiritual para apoyarlo, sentir que es el gran jefe de la Iglesia y que merece todo nuestro afecto, nuestra devoción filial y nuestro servicio también en la medida en que podamos ayudarlo.


R.S.: ¿Su relación más cercana fue con Juan Pablo II?

Mons. J.J.P.R: No, fue con Pablo VI. A Juan Pablo II lo visité repetidas veces, pero eran las visitas canónicas, las quinquenales. Cuando vino en la visita a Colombia que fue a visitar los damnificados.

R.S.: ¿Cómo fue esa amistad con Pablo VI?

Mons. J.J.P.R: era una confianza mutua de respeto y aprecio. Una amistad de aprecio, de una simpatía muy especial que me animaba completamente estar hablando con él y recibiendo sus consejos e indicaciones. Yo le llevaba mensajes a mi mamá de que oraba mucho por él y él le fue mandando camándulas y al fin le mandó un autógrafo cuando ella cumplió 90 años.  Entonces todo eso cultivó una amistad que hizo que cuando el Papa murió, inmediatamente mi madre comenzó a morir, había una empatía espiritual, de modo que al morir el Papa ella se sintió huérfana, y empezó a decaer, duro 3 meses nada más.

El Criterio del providencialismo

R.S.: Hace 30 o 40 años, en un importante centro social de Bogotá se le hizo un homenaje a Monseñor José de Jesús Pimiento, a su ilustrísima personalidad y a Isnardo Ardila Díaz, quién después sería Alcalde de Bogotá. En aquella ocasión en un memorable discurso pronunciado por su ilustrísima persona habló de ser en su vida que era un hombre creyente y providencialista, quiere definirnos ese criterio del providencialismo.

Mons. J.J.P.R: Sencillamente que Dios es el que guía nuestra vida. Él nos creó, Él nos conserva, Él nos dirige siempre y cuando uno se deja llevar de Él todo le sale bien. Cruces, dificultades, pruebas, Él nos prueba dejando que suframos dificultades, pero es un padre amoroso y es una Providencia admirable. Yo he sido y soy pobre siempre, nunca he faltado absolutamente  nada, no he tenido bienes, pero no me falta nada porque Él asiste todo y así hay en el mundo congregaciones religiosas y personas que viven solo de Dios, oídos Santos que se han mantenido años solamente con la Eucaristía sin comer nada.

“Como Él mantiene las aves del campo, como Él mantiene los lirios del campo, sin que hayan cultivo para alimentarse, ni vestidos para vestirse, el padre nos muestra siempre, así nosotros tenemos que dejar todo en las manos de Dios no para no hacer nada sino parecerlo que cada uno pueda y deba hacer siempre y cada día”.

R.S.: Y al desarrollar esa filosofía del providencialismo ¿qué mensaje tiene usted para quienes tienen esa Mística y que quieren tenerla?

Mons. J.J.P.R: Que no hay que atenerse a que Dios le haga todo, uno tiene que responder por su vida normalmente; hay que ser una persona que aplique a los talentos que Dios le ha dado y que les ponga a trabajar y que los confíe en Dios, de tal modo que sepa uno que las cosas salen bien en cuanto uno los hace bien; pero éxito depende de lo que Dios quiere hacer de cada uno de los actos personales, entonces uno tiene que tener un abandono, confianza del poder de Dios y en el amor de Dios para que no temer, ni tener angustia sino cómo lo dijo el Evangelio de San Mateo: “como Él mantiene las aves del campo, como Él mantiene los lirios del campo, sin que hayan cultivo para alimentarse, ni vestidos para vestirse, el padre nos muestra siempre, así nosotros tenemos que dejar todo en las manos de Dios no para no hacer nada sino parecerlo que cada uno pueda y deba hacer siempre y cada día”.

R.S.: Es muy grato conversar con Monseñor José de Jesús Pimiento Cardenal emérito de Colombia. ¿Cómo espera usted la celebración de su centenario?

Mons. J.J.P.R: No me preocupa en cuanto el mismo centenario, porque eso está en manos de Dios. Yo puedo morir esta tarde o ahora en este rato, en todo caso yo estoy en las manos de Dios. Sencillamente, a mí no me gustan los homenajes porque siento que me endeudo, porque siento que veo a quien me honra y cómo les pagó; claro que yo con mi oración suelo pagar y mi oración vale para pagar; yo no tengo méritos para que me hagan fiestas, yo soy un hombre que aprendí de mi familia, de mi padre, de mi madre, en ser una persona que trabaja, que lucha, austera. Entonces yo no tengo ningún afán ni de lucir, ni demostrar talentos que no tengo, sino sencillamente vivir la vida con normalidad, con respeto a todos y procurando respetar a las personas.

R.S.: Como yo aspiro a que Dios me conceda el privilegio de poder escribir una biografía suya monseñor Pimiento, ¿cómo quiere usted que lo recuerden las futuras generaciones?

Mons. J.J.P.R: Cómo un ser humano, con las calidades humanas, pero de una simplicidad,  como quien dice simplemente la dignidad del ser humano; una persona humana es lo único que importa, luego yo tengo naturalmente la dignidad sacerdotal, episcopal y eso naturalmente es un logro de Dios que compromete más mi vida, pero que tampoco me hace valer más como ser humano o como ser cristiano. Ser hijo de Dios es todo lo que vale para uno como dignidad, lo demás son como quien dice adjetivos que Dios va poniendo para engalanar su nombre, para darle retoques a la obra original.


“Esta guerra de consumo que le da uno tantas cosas pero que nos destruye, nos va volviendo cositeros, muñequeros; no valemos ya, sino por tener lo que se tiene. Entonces uno termina valiendo nada”.


R.S.: Monseñor, el Papa Francisco ha introducido importante reformas a la iglesia católica en el mundo y ha tenido que afrontar terribles tempestades como los de la iglesia chilena, como los de la iglesia norteamericana, pero además de eso en el Vaticano existe un borrador de algunos asesores del sumo pontífice que recomiendan la apertura de la iglesia hacia el derecho matrimonial o de muchos sacerdotes, ¿qué piensa monseñor Pimiento sobre esa situación?

Mons. J.J.P.R: Lo que ha estado enseñando él en continuidad con los pontífices anteriores eso es lo que yo pienso, porque a la iglesia no está para jugar históricamente con las cosas sino para evangelizar el mundo y mejorar a la humanidad, entonces estas tendencias a facilitarle todos son equivocadas; es un facilismo moderno que no le ha hecho sino daño a la humanidad, ha deshumanizado a la humanidad. Esta guerra de consumo que le da uno tantas cosas pero que nos destruye, nos va volviendo cositeros, muñequeros, no valemos ya sino por tener lo que se tiene.

Entonces uno termina valiendo nada. Si uno vale por los cachivaches que tiene pues que va valer. Uno vale como persona, como ser o no ser, eso es lo que lo hace valer. Entonces éste facilismo con que pretende la vida, la presunta modernidad, no es modernidad, es volver a lo antiguo en roles que la iglesia ha ido corrigiendo. Habrá que hacer reformas los pontífices recibirán de Dios la luz para introducir la reforma que sea pero el Papa no está para hacer lo que le pidan. Él es muy complaciente, Él es muy amable, muy buen comunicador, pero no está jugando cartas para complacer a la humanidad.

R.S.: En alguna ocasión que tuvimos una entrevista en El Frente con Monseñor Pimiento, hablamos del tema del celibato y creo haber encontrado una respuesta suya que decía: “qué tal los sacerdotes casados en las casas cúrales” cuando eso tendría o podría tener por los mismos quebrantos a que está expuesta la condición humana, podría tener grandes implicaciones en el derecho civil y que las casas cúrales fueron confiscadas por los jueces, quisiera que fuera directivo en esa teoría.

Mons. J.J.P.R: Ese es un aspecto práctico, que es importante pero que no es lo esencial. Lo esencial del celibato es que la persona que se consagra a Dios tiene que dedicarse a Dios con exclusividad, así lo pide el Señor con mucha frecuencia en su evangelio para que las cosas de Dios sean prioridad en la vida. A ustedes los civiles no les pide eso sino en su matrimonio, en su vida social les va pidiendo que sean responsables completamente de lo que deben hacer y que lo hagan bien; a nosotros se nos pide es entregarle la vida a Él y a la humanidad.

El que está repartido por un hogar ya no está entero, ya está entregado a una esposa y a unos hijos, entonces ya le quita algo de su tiempo o bastante y a veces más de lo que debería darle, porque la familia es muy exigente y con todo derecho, porque el que se casa es para hacerle bien a la familia y hacer una familia bien hecha, eso está bien ahí. Pero para el sacerdote no y para el que se consagra a Dios no consagrarse a dos; no puede consagrarse al Dios del dinero y no puede consagrarse a Dios y a la señora. Entonces en el fondo, el amor de Dios y el servicio es exclusivo porque eso lo pide el hecho mismo de la vocación, no entenderlo es una necedad en el ministro si no lo entiende; si el Ministro se divide hacer dos vidas es un pecador vergonzante, porque no entendió su vida y no entiende que le debe a Dios todo y que no le está pagando a Dios nada, sino traicionándolo. Ahora que estoy en esta edad, ya percibo las cosas con integridad hasta dónde se puede y las digo como hay que decirlas, es la palabra de Dios, la verdad de Dios y la verdad del hombre.


“Si el Ministro se divide hacer dos vidas es un pecador vergonzante, porque no entendió su vida y no entiende que le debe a Dios todo y que no le está pagando a Dios nada, sino traicionándolo”.

Una percepción del país actual

R.S.: En el último reportaje que le hice hace dos o tres años Monseñor Pimiento habló del cáncer de la corrupción de los gobiernos, hoy estamos en la misma situación con un país marcado por el lastre de la corrupción en la contratación oficial, que ya hizo metástasis en la economía, en la sociedad, en la organización de la nación, ¿qué piensa o de qué manera podemos salir de ese lastre que ha caído sobre Colombia?

Mons. J.J.P.R: Primero a Colombia le ha fallado el país. El país no debe de tolerar que se lo robaron, como lo han robado y que se robaran aparentemente en forma legal, porque el robo nunca se puede legitimar y se legitimó no por la ley sino por las costumbres malsanas del gobierno mismo y de la ciudadanía, porque ahí se corrompieron empresas, servicios públicos todo lo que sea el gobierno y la sociedad.

La sociedad ha debido de reaccionar a tiempo y no ha tenido la conciencia y nos ha faltado a los pastores la libertad espiritual y el valor para denunciar la corrupción como está, ahí también ha habido una falla de parte nuestra que no denuncia un mal gravísimo para Colombia, como no se ha tenido valor de denunciar el narcotráfico, es un pecado ya no solamente nuestro, sino de las naciones comenzando por Estados Unidos. Entonces este problema lo dejamos avanzar y estamos en una crisis muy grave,  pero que la estamos pagando todos si tenemos que pagarla, pero no la queremos pagar; el gobierno quiere hacer una reforma tributaria y no la dejan hacer, ni los estudiantes, ni los profesores, ni los sabios quieren dejar hacer la reforma; los congresistas desde luego no, porque no les pagan las coimas que recibían en la mermelada anterior, entonces es el país al que no se quiere componer, el que no se quiere reformar, el que no quiere salir de la olla.

Queremos seguir como estábamos, eso es acabar con Colombia, así llegó Venezuela a dónde ha llegado, porque queremos nosotros ser toda Venezuela o que el mapa nuestro se pegue a Venezuela, a la corrupción a la maldad que se impuso allá, por el comunismo. No, nosotros tenemos que liberarnos y es en lo que no hemos caído en cuenta de que con las elecciones presidenciales hubo un comienzo de cambio, pero si no favorecemos que ese cambio se haga no por el bien del presidente Duque, sino por el bien de Colombia, no sacamos a Colombia de la olla.

“La sociedad ha debido de reaccionar a tiempo y no ha tenido la conciencia y nos ha faltado a los pastores la libertad espiritual y el valor para denunciar la corrupción como está, ahí también ha habido una falla de parte nuestra que no denuncia un mal gravísimo para Colombia”.

R.S.: Señor una pregunta que a mí me cuesta trabajo hacerla por la profunda convicción de la Majestad de la iglesia católica. El Papa ha tenido que pedir perdón en Chile por el comportamiento de algunos miembros de la iglesia y también en los Estados Unidos se ha hecho una persecución, una retórica pérfida contra el clero católico por algunos comportamientos atribuidos a algunos de los jerarcas de la iglesia norteamericana ¿De qué manera puede la iglesia salir de ese atolladero?

Mons. J.J.P.R: Ya está saliendo, porque ya impone acción oficial de la iglesia y una acción ya local también en que se está combatiendo el mal.  Hay que tener en cuenta que el mal no es exclusivo de la iglesia, el mal es de la humanidad, los pecados de la humanidad civil son peores que los de la iglesia, lo que pasa es que los de la iglesia llaman más la atención porque la iglesia está destinada a ser evangelizadora, moralizadora y dignificadora. Entonces un pecado tiene un mayor cargo, pero el pecado es pecado en ambos, en esto que está pasando es justo que la iglesia se arrepienta y manifieste su propósito de cambiar las cosas haciendo que el clero sea más seleccionado, que no se tolere a nadie que está fallando porque hay sujetos que no deben estar y todavía hay bastantes que se deben echar para afuera.

Si un sujeto quiere cambiar bienvenido, convertido se pone hacer las cosas bien y entonces está perdonado, pero si no se convierte, ¡fuera!, a las tinieblas exteriores, porque ya no merece estar en un servicio al que se  comprometió solemnemente y que no está cumpliendo; pero la iglesia no tiene oficialmente la culpa sino que son unidades de la iglesia, obispos de la iglesia que han fallado al exigir y clérigos que han fallado. Eso hay que situarlo con inteligencia, con respeto a la verdad y es de las cosas y no hacer escándalo de lo que no hay que hacer escándalo, sino lamentar que la humanidad sea así, que nuestra humanidad no sea una humanidad sana, noble sino una humanidad pecadora y entonces ‘bregar’ a que la humanidad cambie. Esa es la tarea de la iglesia y si no se abrochan, entonces la iglesia no está haciendo su misión.

“Los colombianos no hemos aprendido a ser libres, no nos respetamos, porque por ser de un partido hay que matar al otro. No señor, los partidos son para que emulen servir a Colombia, a ver cuál lo hace mejor, pero no para matar al otro”.

R.S.: Seguramente se me quedan muchas cosas en el tintero para esta hermosa oportunidad de conversar con monseñor José de Jesús Pimiento a quién admiramos todos sus paisanos, todos los santandereanos, todos los colombianos. Una pregunta final, ¿qué debemos hacer los colombianos para salir de esta impudicia en que se encuentra la patria, de esta olla, de esta situación tan dramática de descomposición en que se encuentra la patria, no solamente desde el punto de vista espiritual sino desde el punto de vista pragmático y desde el punto de vista político?

Mons. J.J.P.R: Los colombianos tenemos una herencia negativa desde el comienzo de la República. La colonia nos cultivó, nos dio una cultura pero no nos enseñó a ser libres y no hemos aprendido a ser libres, y escribir la libertad es una cosa muy compleja, es un poder asombroso; la libertad no nos la da Dios para que nosotros decidamos nuestra suerte, sin embargo somos tan sumamente raros que decidimos mal, empleamos la libertad mal y entonces la libertad mal empleada está contra el hombre, no está contra Dios solamente, sino contra el hombre mismo, el hombre se autodestruye manejando mal la libertad.

Los colombianos no hemos aprendido a ser libres, no nos respetamos, porque por ser de un partido hay que matar al otro. No señor, los partidos son para que emulen servir a Colombia, a ver cuál lo hace mejor, pero no para matar al otro; la matanza de liberal - conservadora es un disparate que lo trataron de corregir Laureano Gómez y Alberto Lleras Camargo con un acuerdo muy valioso aplaudido nacionalmente, el Frente Nacional, pero luego volvimos para atrás, ahora es la lucha social, el comunismo nos contaminó, nos pusimos la lucha de los pobres contra los ricos, eso tampoco es así, los pobres no tienen que estar haciéndole la guerra los ricos y los ricos no tienen que estar comiéndose a los pobres; el rico que se come un pobre está abusando, el pobre que ataca un rico está abusando. Hay que respetarse, pero los ricos tienen que compartir, porque si no, no merecen ser ricos. Entonces el problema es que tenemos que componernos todos, aprender a ser ciudadanos correctos, aprender a ser colombianos de verdad, es una cultura que hay que hacer, pero suprimimos hasta la urbanidad de Carreño. No nos quedó cultura, ahora es salvajismo y esta batalla de los partidos que es absurda, izquierdas y derechas extremas es absurdo, eso no debe existir, por lo tanto debemos renunciar a esos extremismos para entrar en ambientes de cultura, de respeto, que es lo que está proponiendo el señor presidente de Duque, respeto a los demás, no ofender a nadie, él no ofende a ninguno, él no le echa culpas a los demás, sino que él piensa hay que trabajar por Colombia y su programa de construir a Colombia, ese es el programa que hay que ver entre todos. Construir un movimiento interesante que llamaban los cristóforos proponían lo siguiente: “usted puede cambiar el mundo, parece un idealismo, una utopía, pero no señor, es cambiar el mundo y usted lo puede hacer cambiando el metro cuadrado donde usted se mueve. Eso es realismo, es cambiar usted el ambiente donde está, cambie su hogar, cambie su método de trabajo, mejore; no está cambiando el mundo, ya no se cambia la humanidad entera, pero trabajé más y empiece a influir”. Es un movimiento inteligentísimo que no sé si ha seguido ya o no sé hasta dónde prosperó porque el tema de cambiar no le gusta a nadie, eso exige sacrificio, eso exige esfuerzo, eso cuesta, claro que eso no lo pide el Señor, él nos pide que cambiemos de nuestras debilidades y pecados a una vida correcta, eso cuesta y ese costo hay que vivirlo o no hay colombiano de verdad.

R.S.: Finalmente los movimientos de izquierda lograron comprometer a sectores de la Iglesia Católica en varias oportunidades, primero el grupo que encabezó monseñor Camargo Camarero ya fallecido, luego el grupo de Puebla y posteriormente la presencia del padre Camilo Torres y de Domingo Laín en los movimientos rebeldes subversivos que se crearon en Colombia, ¿está bien lo que se ha hecho por resolver los problemas de violencia en Colombia al reincorporar a la guerrilla al orden jurídico restablecido?

Mons. J.J.P.R: No. La guerrilla debió haber sido sometida como está siendo sometida militarmente porque así ha debido terminar, porque ellos no renunciaban a las armas. Los acuerdos de La Habana debieron haber sido bien hechos, pero fueron mal hechos por qué fue un acuerdo político en que se le entregó a la guerrilla todo y Colombia no ganó nada, sino que  aparentemente dejaron las armas, pero no las han dejado del todo, tampoco completamente. Entonces no ha sido un acuerdo correcto, sino un acuerdo de fuego político solamente, no es la paz de gesto la que nosotros tenemos derecho porque somos cristianos, entonces esa Paz No es la Paz, es un ensayo de paz equivocado en la mayoría de los aspectos con uno o dos aspectos buenos. Esa no es la solución, la solución es que los guerrilleros comprendan que con las armas no se llega al poder, que comprendan que políticamente pueden hacer batallas pero hacerlas honestamente, la política está en Colombia maleada por las costumbres políticas, la política bien hecha es la política de respeto al otro y de esfuerzo, para hacer un país por el bien común para todos, no para un grupo. Los errores de Camilo, de toda esa cosa fue pretender una solución del problema social, pero mal orientada porque tenía la carga marxista que es una carga negativa, por qué es ateísmo y un tema que científicamente no es válido. Está demostrado que no sirvió ni en Rusia, ni en Europa, ni en ninguna parte del mundo, menos en Venezuela.


“El narcotráfico repito es una guerra torpe para enriquecer unos pocos y hacerle daño total a la humanidad”.


R.S.: Monseñor Pimiento si estuviera la posibilidad de darle un consejo al presidente Duque frente a las negociaciones de paz con el autodenominado Ejército de Liberación, ¿qué le aconsejaría?

Mons. J.J.P.R: Yo creo que él está tomando posiciones muy correctas. Hasta que no dejen de hacer el mal que han hecho, desde que no entreguen a los secuestrados, no hay posibilidad de diálogo y eso es lo justo, porque no hay por qué perder el tiempo con un grupo que históricamente ha fallado siempre. Entonces para que abogar con eso, eso no es paz, eso es un disimulo para ganar terreno; lo que pasaba con la misma guerrilla Farc, ahora está pasando con el Eln, ahí no hay que hacer paz falsa, hay que hacer una paz verdadera, que ellos entren en razón, en juicio y en responsabilidad respetando a Colombia y buscando el bien común, sin ofender a nadie.

R.S.: Y si le tuviera que dar un consejo a Pablo Catatumbo, a Timochenco, a Iván Márquez ¿qué les diría?

Mons. J.J.P.R: Es que no son iguales, son distintos Timochenco y Catatumbo. Están un poco más orientados a aceptar la situación real, los otros son guerrilleros que no cambian, porque deben mucho por el narcotráfico, ellos están casados con el narcotráfico y no quieren renunciar a eso y así no hay manera de hacer paz, porque el narcotráfico repito es una guerra torpe para enriquecer unos pocos y hacerle daño total a la humanidad.

R.S.: Finalmente Monseñor Pimiento un mensaje para los paisanos de su tierra, mi tierra Zapatoca, ahora que estamos llegando a la celebración de la Navidad.

Mons. J.J.P.R: Zapatoca ha tenido una fisionomía de ciudad levítica, de Ciudad culta, de ciudad distinguida, pero de ciudad pobre, porque es una tierra muy escasa, porque la hemos tratado mal también; porque una arcilla bien manejada no era para llegar a lo que llegamos en Zapatoca, a la miseria prácticamente; pero Zapatoca merece reconstruirla, se está reconstruyendo en parte. Pero tengo un interrogante, el turismo se le amenaza como la fórmula para que tenga futuro.

El turismo está mal orientado hoy, porque se ha cargado de unos vicios que se consideran necesarios, pero que no son turismo verdadero, sino vicios de un sistema legítimo, mal manejado, el alcohol y la vida sexual desenfrenada eso contamina el turismo. Así acabaron con las costumbres sanas de San Gil, si a Zapatoca le pasa algo semejante la van a destruir, se acaba el pueblo, se vuelve una cantina y Zapatoca No es cantina, tampoco es un lugar de locos sexuales, es una tierra bendita, es una tierra Santa en el sentido de que debe ser de gente distinguida y sana. Hay que preveer eso ya, comenzar hacer una pastoral de orientación para un turismo que limpie, que purifique, que ennoblezca. El turismo bien llevado es algo bueno, recuperar fuerzas eso es legítimo, pero como está manejado hoy, como hemos visto en casos escandalosos como sucede en Cartagena, en Bogotá, en Bucaramanga eso no es turismo, eso no es sino vicio con nombre comercial respetable y libertinaje revestido de gala.

R.S.: Monseñor muchas gracias por habernos concedido esta oportunidad, de conversar con una persona tan vinculada a los sentimientos de nuestro corazón y a quienes apreciamos y admiramos por su claridad mental, su claridad conceptual, su vigor a esta etapa de su vida, para seguir predicando el Evangelio de Cristo y seguir orientando a las nuevas generaciones que están poblando el territorio nacional, muchas gracias.

Mons. J.J.P.R: Para servirle siempre y para bendecir las acciones buenas del periodismo que diga la verdad y defienda el bien por encima de todo.

 
Publicacion: Domingo 2 de Diciembre de 2018 
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