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Cuando la vida da segundas oportunidades



Cuando la vida da segundas oportunidades | EL FRENTE Santander único departamento en tener 3 modelos de entorno productivo

Se trata de un trabajo de 2 meses en la Fundación Niños de la Esperanza, vereda El Tablón, corregimiento El Hatillo, municipio de Albania y que les ha cambiado la vida a 28 jóvenes, quienes a partir del próximo 14 de diciembre regresan a la productividad, a reencontrarse con los suyos, a casa.

La selva húmeda aterradoramente cálida, las escabrosas trochas acompañadas de lluvias eternas, o las montañas de marañas espesas fueron los sitios de permanencia, de paso y de combate para muchas personas que hicieron parte del conflicto armado en Colombia. Entre todos esos miles, 28 jóvenes dejaron ese crudo mundo para asumir de ahora en adelante una nueva forma de vida, para aprender, para forjar un destino diferente. 

Seguramente ha de ser diferente abrir los ojos desde una cama limpia, cómoda, bajo techo, con alimentación, en silencio a excepción del crujir de los grillos o el despertar de los gallos de la granja que hace parte del entono productivo que en Santander les abierto la puerta.

“Este entorno productivo en particular del municipio de Albania en el corregimiento del Hatillo de la Fundación Niños de la Esperanza con el apoyo de la OIM y la USAID, ha hecho que estos jóvenes consoliden sus competencias en la parte productiva como emprendedores en la comercialización y producción de cultivos transitorios; aparte de eso lograron una formación académica en un ciclo escolar, ya sea de primaria y secundaria fortaleciendo sus competencias académicas productivas y habilidades para la vida que le van a permitir enfrentarse en el cumplimiento de su proyecto de vida dentro de la integración económica y social que la ARN promueve”. Said Castellanos González asesora de reintegración de la Agencia Reincorporación y Normalización grupo territorial Santander

Específicamente en este modelo de entorno productivo uno de los elementos que más llamó la atención es la producción  y promoción de cultivos sin químicos, netamente orgánicos de gran beneficio para el consumidor. Una particularidad es que se maneja legumbres y verduras tipo gourmet para un mercado ya establecido, aprovechando que Boyacá tiene zonas turísticas, destacadas con un mercado de restaurantes que hace que la compra sea segura y eso le muestra a los muchachos que si es posible cultivar, producir, dar valor agregado a la parte agropecuaria y aparte de eso evidenciar que el campo es rentable y se puede vivir.

Frutos de la tierra, del trabajo y del aprendizaje
Es un trabajo que a simple vista es satisfactorio, eso se ve en los rostros optimistas, aunque reservados de muchos de ellos. Lograron tecnificar sus conocimientos en la parte agrícola y pecuaria; en su mayoría son muchachos de origen campesino que van a generar un valor agregado a su desempeño cuando retornen a sus zonas de origen o con los empresarios que se han  brindado la oportunidad de emplearlos, rompiendo paradigmas y barreras.

“Iniciamos el 1 de octubre y vamos a estar hasta el 14 de diciembre, durante estos dos meses y medio permanecimos con ellos en su proceso formativo y productivo, parte de ello también la componen las comunidades del Hatillo, comunidad que pese a sus temores logró darle apertura a que este grupo de muchachos. El respaldo institucional de la alcaldía, el Sena y el colegio integrado han sido fundamentales también”.

Santander es un departamento privilegiado, la Agencia para la Reincorporación y Normalización con el apoyo de la OIM y el USAID han apoyado tres proyectos de modelos de entorno productivo, 2 en San Vicente de Chucurí con el eje central del cacao en 2017 y ahora en Albania con cultivos transitorios.

“Santander es un departamento rico en la parte pecuaria, tiene un gran potencial. Para el caso puntual la riqueza de la tierra y contar con entidades de trayectoria como la Fundación Niños de la Esperanza en el municipio de Albania, lo ha hecho exitoso”.

La ARN durante el desarrollo del entorno abordó algunos escenarios con empresarios  que pudieron conocer a los muchachos y los aprendizajes que han recibido. Algunos de esos empresarios van a generar algunas posibilidades de vinculación laboral. La Agencia mira el perfil de los muchachos que pueden aplicar a dichas oportunidades laborales, los demás retornarán a sus zonas de origen. Después de la desmovilización y pasar por este entorno, regresan con un conocimiento fuerte y más tecnificado.

Somos padrinos
Los profesionales reintegradores que viven en el entorno y como grupo territorial Santander son eso, “padrinos” de estos jóvenes con los que conviven a diario  y sobre los cuales tienen la responsabilidad institucional de que sean autónomos, que no dependan de una política de Estado para desarrollarse como personas y es ahí donde va la apuesta ahora y a futuro.

“El reto más grande que se ha tenido que pasar como agencia y como grupo profesional, a veces lo dialogamos como equipo, es la estigmatización social. Que como entidad respaldemos estos muchachos y sentir que afuera hay una sociedad con unas razones para estigmatizarlos y rechazarlos. Pero estamos en una etapa donde debemos afrontar el nuevo país que queremos construir y nosotros como agencia estamos contribuyendo a que no se repitan esta situación”.

El poder sensibilizar a las empresas que vinculen perfiles laborales con estos muchachos  en el aspecto económico, es también otro de los retos y de los que implica abrir la puerta a quien regresa después de la guerra. “Que lleguen a ese nivel de comprensión, de ese momento de vida de la persona, que no sea necesario de revisar ese tema de antecedentes, sino que se tenga más en cuenta el nivel de competencias que han adquirido con miras a un futuro”.

Historias de vida y en carne propia
Los relatos de ellos están cargados de detalles que nos remiten a lo que fueron sus vidas, pero evidencian el trance de una realidad a otra. Unos por voluntad propia, otros reclutados cuando aún conservaban el candor e inocencia en sus miradas, ahora hacen parte de esta parte de la historia, una que merece ser contada para no repetirse nunca más.

Calor de hogar de nuevo
Freddyney Bonilla López, nació el 21 de abril de 1995 en Cartagena del Chairá Caquetá toda la vida se me crió en el campo. Hijo de padres campesinos, Martín Bonilla y Luz Nancy López, aún viven en esta alejado  rincón de Colombia. Él tuvo la fortuna de vivir con ellos hasta la edad de 12 años, cuando se fue a trabajar independiente por propia como el mismo relata.

“Me abrí a trabajar sólo en la vida, nunca me gustó depender de nadie, ni vivir de locha, ni a costillas de mis papás. Me dedique a conseguir las cosas personalmente hasta los 13 años que cometí el error de meterme a la organización y eso fue prácticamente por un fracaso que hubo en la familia; por aburrimiento lo hice, pues tenía una hermana menor que tenía 11 años quien murió de  tifoidea. Fue mi decisión, no tuve más alternativa,  “se me hizo gracia” incorporarme a las Farc, donde duré 5 años y medio, hasta hace casi 4 años que el ejército me cogió en una Vereda de San Vicente del Caguán”.

Asi de seguido, sin pausar, con calma y con la sensatez en sus ojos contó su vida. Cuando el Ejército lo capturó tenía 19 años, según él fue por culpa de sus mismos compañeros que se habían desmovilizado hace tres meses atrás. Lo “agarraron” de civil, sin armas, le iban a judicializar le iban a dar 10 años de cárcel, pero llamaron a la unidad militar ubicada en San Vicente del Caguán y le dijeron el coronel de allá que habían cogido un muchacho de 19 años para mirar a ver qué posibilidades tenía.

“A ellos les dijeron que yo tenía facilidad de prestar servicio militar y de hecho entraría como soldado profesional, haría un curso de 3 meses, para ganarme un sueldo de soldado profesional. Me hubiera gustado ser reservista, pero si no hubiera tomado la decisión de irme para la organización. La verdad mi padre fue reservista y él tenía el sueño de portar el camuflado militar pero no se cumplió ese sueño.  De todas maneras la vida le traza los caminos a uno, uno comete los errores y tarde que temprano tiene que pagarlos como sea”.

Los días para el eran caminando, encampamentados, estudiando prestando guardia, haciendo de comer, haciendo aseo general de armamentos, diferentes actividades que se realizan dentro de una organización armada. A el cómo guerrillero raso no le permitían fumar cigarrillo, tomar cerveza, ni juegos de azar, ni tener relación con una civil por seguridad. En los enfrentamientos era a él a quien le tocaba meter el pecho en todos los combates.

“Caiga o no caiga eso para ellos es lo mismo y lo digo porque a mí me pasó con un compañero a él lo mataron en un enfrentamiento al pie mío. Yo le exprese al comandante mi pesar por haber perdido el compañero Rogelio, pero la respuesta de él fue: “eso es una boca menos que se alimenta, para mí no es perdida”. Ahí uno se da cuenta que eso no tiene sentido. La vida fariana no es vida para cualquier persona, yo hacía parte del  frente 14 bloque sur de las Farc.”

Llegar a la granja definitivamente le cambio la vida. Se convirtió en un motivo de aprendizaje y de nuevas oportunidades para ser un hombre de bien. “La verdad de llegar aquí a esta experiencia en la granja ha sido algo muy lindo, porque me estoy dando el lujo de aprender conocimientos en cosas que nunca había conocido, ni visto ni aprendido, todo sobre el campo de una manera más tecnificada y gracias a los muchachos que nos han enseñado. Aqui se aprende a convivir,  a estar rodeado de personas, a no quitarle las cosas ni tratarlos mal.  Lo que más quiero es seguir adelante proyectando mi futuro, proyectando mi vida, darle gracias a Dios por la segunda oportunidad que me brindó en mi vida”.

Hace 9 años  que no ve a su hermano que le sigue. Hace 3 años vio los rostros de sus padres, quienes estaban muy contentos de saber de el, pues lo asumían muerto. Un Sargento en San Vicente del Caguán le ayudó a establecer contacto con sus padres, quienes le fueron a visitar.

“Allá fueron y duraron de un día para otro conmigo. Uno vuelve a revivir, volver a ver a la familia para uno es un orgullo. Sobre todo y volver a sentir el calor de un padre…( en este momento se le entrecortó la voz hizo una pausa de varios segundos y sus ojos se llenaron de lágrimas)… Fue un error muy grande haber pertenecido a esa organización y ahora me di cuenta de eso. Pero nunca es tarde para volver a hacer las cosas que uno quiere. El día que salga de aquí, lo primero que voy a hacer es ir a hacer es ir a Cartagena del Chairá a reunirme con mi familia”.

La niña - mujer echada pa’lante
Eliana Cabrera Caizamo, nació en el Chocó, en la región del Alto Baudó, es de la comunidad indígena Embera Andovida, y desde su relato expresó su gusto por el campo, desde que era pequeña. “Cuando estuve al lado de mi familia en mi primera infancia, siempre me gustó el campo porque nací allá y cultivábamos banano, caña, frutas; fui hija de madre soltera pues a mi padre lo mataron hace 16 años. Somos cuatro mujeres y dos hombres. Mi infancia fue de mucho trabajo pero también fui estudiante en una concentración agropecuaria, hasta séptimo grado que me retiré porque el grupo armado me llevó allá a la fuerza”.

Reclutada a la fuerza para trabajos normales de un guerrillero raso pero también para ser la mujer del comandante. Por obvias razones la sola idea de estar lejos de su familia le generaba todo tipo de miedos. “A mí el tema de pertenecer al grupo armado no me gustaba. Nunca me gustó, me daba miedo ese armamento, pero lo que ellos vieron en mi era una pelada de echada para adelante y  ellos decían no era para estar  en la sino para estar ellos. Cuando me llevaron, yo tenía un tío que tenía una siembra de maíz y hacíamos chicha y ese día me fui a coger maíz y en eso llegaron ellos,  estaban celebrando los 50 años del Eln Frente Resistencia Cimarrón. En un comienzo yo no les paraba bolas, pero se fueron detrás mío cuando me estaba bañando en un río. Yo no sabía hablar bien español y ellos tampoco me entendían. Me dijeron vámonos para la guerrilla el mando quiere que usted vaya y yo le dije que no”.

Tenía escasamente 15 años cuando a Eliana se la llevaron, su mama dejó de saber de ella por varios meses y sus días pasaban entre diferentes comunidades indígenas escondiéndome.  “A las 5:30 de la tarde tenía una tarea del colegio que el profesor me había dejado, cuando me di cuenta el mando estaba ahí, era negro y estaba parado y con un  perro grandísimo, eso me asustó muchísimo y me dijo que me fuera con él porque yo iba a ser su mujer. Vinieron unas lanchas y me llevaron. Dos primos míos que estaban le contaron a mi mamá lo que había pasado. Yo dormía incomoda porque el mando quería que yo fuera su mujer, pero yo no quería. Un tío mío fue a reclamarme al lunes siguiente, pero no lo dejaron y me escondieron en una casa encerrada, me dieron uniforme. De ahí me sacaron para otra comunidad indígena y de ahí duré 6 meses sin ver a mi mamá allá fue mi historia”.

Los días comunes y corrientes eran tristes, no tenía comunicación con su familia vivía todo el día cocinando, ranchando y su alimento contradictoriamente eran galletas, pan y azúcar. Prestaba guardia afuera lloviendo, tronando o como fuera mojada tenía que estar ahí.  “Lo más duro en los días de combate fue cuando unos compañeros los mataron delante de mí, estamos listos para recibir una vacuna pero llegó el Ejército y nos emboscó. Uno de los tiros iba para mí, pero uno de mis compañeros recibió el tiro por mí. Las personas que estábamos, ahí las cinco personas que estábamos, nos enloquecimos, duramos tres días sin comer en el monte. Yo sentía que no existía en el mundo, le pedía a Dios que no me pasara nada.  A mi mamá le habían dicho  que me habían matado y ese fue el peor día para toda mi familia. Después me recupero el Bienestar Familiar gracias a la labor que hizo el Ejército”.

En sus palabras la vida le cambio de alli en adelante, estudió, se formó en el Sena y ahora solo tiene sueños de una vida digna para ella y los suyos. Ser empresaria y ser la líder de su propia vida, donde también pueda brindarles una oportunidad a otras personas.
 
Texto y fotografía por:
Alixon Navarro Muñoz
Periodista/ EL FRENTE
Publicacion: Domingo 9 de Diciembre de 2018 
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