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El uribismo tiene angustia por una posible derrota



 El uribismo tiene angustia por una posible derrota  | EL FRENTE
El presidente Iván Duque acaba de iniciar el tramo final de su mandato. En siete meses dejará la Casa de Nariño y se convertirá en uno de los exmandatarios más jóvenes.

El tiempo restante será determinante y se convertirá en una prueba de fuego para afianzar el legado con el que quiere que lo recuerden los colombianos.

Según el más reciente estudio del Centro Nacional de Consultoría para SEMANA, el mandatario tiene un 38 por ciento de aprobación, y quienes más valoran lo que ha hecho bajo este turbulento periodo son los mayores de 40 años, además de los ciudadanos de los estratos más bajos (en esa franja lo respalda el 40 por ciento).

La principal tarea para el gabinete de aquí al próximo 7 de agosto será divulgar de forma efectiva lo ejecutado en estos cuatro años, en medio de los estragos causados por la pandemia de la covid-19. Hay logros tangibles en salud, educación, infraestructura, medioambiente y seguridad que el Gobierno deberá posicionar.

Como anota Carlos Suárez, CEO de la firma Estrategia y Poder, “se dedicaron a informar, mas no a comunicar”.

La preocupación por la estrategia de comunicación es latente. Por ejemplo, el propio expresidente Álvaro Uribe ha emprendido una tarea para destacar a diario los aciertos del Gobierno, así como el Centro Democrático. Los congresistas cercanos a Duque hacen lo propio.

“Uno ve un cambio en la estrategia de comunicación del Gobierno (…) Yo veo una necesidad inmensa y urgente, casi de desespero, para poder explicar al país su legado, que le permita subir su favorabilidad y, de paso, tener una incidencia indirecta en las elecciones”, dijo el representante a la Cámara Gabriel Jaime Vallejo, del Centro Democrático.

Señala que no entiende cómo el país no valora la matrícula cero en las universidades públicas, el ingreso solidario para los menos favorecidos en la pandemia, los proyectos energéticos, el papel del presidente frente a la preservación del medioambiente, del Amazonas, entre otros.

La comunicación en la era de las redes sociales, las noticias falsas y la manipulación y tergiversación resulta un desafío para cualquier gobernante. A eso se le debe añadir que el país entra en un periodo electoral intenso en el que muchos candidatos harán campaña golpeando al Gobierno, sin importar si lo que dicen es verdad o no.

Y, como es apenas habitual, Duque y sus ministros afrontan el desgaste de completar más de tres años en el poder, en una coyuntura de escepticismo ciudadano global frente a las instituciones.

Una amenaza que se cierne en el corto plazo para el Gobierno, así como sucede en el resto del mundo, es la variante ómicron. Todas las alarmas están disparadas. Su nivel de propagación es tan elevado que el propio Duque anticipó que no está descartado que el país registre hasta 40.000 casos positivos diarios de covid-19.

El problema es que, si la predicción del mandatario se confirma, podría ponerse en aprietos la impresionante reactivación de la economía y, en algunos casos, la presencialidad en colegios y universidades. Ómicron ha caído como un baldado de agua fría justo cuando el país disfrutaba de un retorno total a la normalidad a finales de 2021, gracias al avance significativo de la vacunación y al tesón de los empresarios, ciudadanos y las medidas del propio Gobierno.

Esa campaña de inmunización es uno de los logros indiscutibles del presidente Duque. De hecho, Colombia se ubica en el sexto lugar en el índice Bloomberg de países que mejor han enfrentado la pandemia, por debajo de Chile, Irlanda, Emiratos Árabes Unidos, Finlandia y Canadá.

Eso ha creado las condiciones para el repunte de la economía, cuyo crecimiento en 2021, de acuerdo con las proyecciones, apunta al 9,7 por ciento. La inflación de Colombia, según el Gobierno, “es una de las más bajas si se compara con la registrada en países de América Latina y de la Ocde durante el año pasado”.

¿Cómo recordará el país al presidente Duque? Esa es la pregunta que empezará a hacerse el país político en los meses venideros. Contrario a Álvaro Uribe, cuyo legado fue la seguridad democrática, y a Juan Manuel Santos, quien le apostó el acuerdo de paz con las Farc, Duque no tenía un proyecto definido por lo menos hasta el surgimiento de la pandemia, que le cambió todas sus prioridades y le marcó un camino.

“Desde el primer momento de su gobierno –esto no es un tema de ahora–, no fue fácil entender cuál sería su legado. Él insistió en ser el presidente que le apostaría a la equidad, pero el tema es muy complejo de entender para el ciudadano de pie”, recordó el congresista Vallejo.

El coronavirus se convirtió en una amenaza para el país. Bajo esa difícil circunstancia, Duque ha mostrado capacidad para gobernar. En 2020, por ejemplo, la ONU reconoció la labor del dirigente frente a la pandemia.


Expectativas de gobierno

El exministro de Vivienda Luis Felipe Henao dijo que a Duque lo recordarán como el presidente que enfrentó la pandemia. Como les ocurre a todos los mandatarios, culminar bien la tarea y subir en las encuestas es imperativo.

Por eso, Duque buscará meterles el acelerador a grandes obras que entregará en los próximos meses, entre ellas 19 megaproyectos: la transversal del Sisga; Rumichaca-Pasto; Neiva-Girardot; Villavicencio-Yopal; Autopista al Mar 1; Chirajara-Fundadores; Autopista al Mar 2; Antioquia-Bolívar; Autopista Conexión Norte; Pamplona-Cúcuta; Cambao-Manizales; Pacífico 3; Bucaramanga-Barrancabermeja-Yondó; y Perimetral de Oriente, entre otras.

En infraestructura, el gobernante tiene ejecuciones para mostrar como la megaobra del túnel de La Línea, un proyecto que empezó desde la administración de Andrés Pastrana y que el actual Gobierno encontró con líos jurídicos y falta de recursos y lo impulsó hasta convertirlo en realidad.

En seguridad, las Fuerzas Militares lograron la captura de Dairo Antonio Úsuga, alias Otoniel, uno de los narcotraficantes más buscados en el mundo, además de la muerte de alias Fabián, uno de los jefes del ELN, y alias Uriel, cabecilla reconocido de los elenos. Los cultivos ilícitos siguen siendo un desafío por resolver.

En 2021, el Ministerio de Defensa reportó que no cumplió con la meta de erradicación de cultivos ilícitos, pues gran parte de los policías y militares que erradicaban las plantaciones atendieron las protestas del 28 de abril. Mientras tanto, la aspersión aérea con glifosato, prometida desde la campaña política, no se ha logrado por enredos jurídicos.

“El narcotráfico sigue siendo el primer factor de inseguridad en Colombia”, dijo Óscar Iván Zuluaga, precandidato presidencial del uribismo.

Precisamente, las plantaciones de coca tienen a algunas zonas rurales del país en máxima tensión. Arauca, por ejemplo, ya puso los primeros 27 muertos del año en una masacre ocurrida en la primera semana de enero y cuyos protagonistas fueron las disidencias de las Farc y del ELN, que se disputan el control territorial de la cocaína en la frontera con Venezuela.

Duque, además, tendrá como desafío enfrentar la ola de inseguridad que sacude a las principales ciudades. En diciembre de 2021, la Policía reportó que el hurto en Bogotá presentó un incremento del 25 por ciento; en Medellín, del 28 por ciento; en Bucaramanga, del 30 por ciento; en Cartagena, del 24 por ciento, y en Barranquilla, del 10 por ciento.

Quienes lo conocen de cerca señalan que Duque es un presidente decente, crítico de la corrupción –aunque su Gobierno terminó salpicado tras el escándalo de Centros Poblados–, un dirigente sin escándalos que se la jugará toda en los próximos meses para no convertirse en el expresidente que le puso fin al uribismo y que opacó las opciones electorales de la derecha, como lo han querido hacer ver sus contradictores e, incluso, algunos de sus compañeros del Centro Democrático. / Tomado de Revista Semana
Publicacion: Lunes 10 de Enero de 2022 
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