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Opinión - Editorial


La terrible sensación de un país en guerra



El golpe sicológico que produce el anuncio de un ‘paro armado’ por parte de las guerrillas del autodenominado “Ejército de Liberación Nacional” deja en el ambiente la sensación de que nunca vamos a reconquistar la paz, así se hayan comprometido las finanzas de la nación de los próximos veinte años para aclimatar los acuerdos que se firmaron hace cuatro años con las proscritas guerrillas de las FARC. Las bombas incendiarias fabricadas por terroristas de la Universidad Nacional y de la Universidad Industrial de Santander, dejan mucho que decir, acerca de las futuras generaciones que se vienen preparando para la guerra.

La relativa calma que produjo en algunas regiones del país la reincorporación de miles de combatientes de las FARC a la actividad productiva del país está amenazada por la acción criminal del ELN que permanece en las zonas de frontera, bajo la protección de la dictadura de Venezuela, como quinta columna del régimen de Nicolás Maduro contra Colombia. Las historias que se conocen sobre el reclutamiento de menores en las regiones del Chocó, donde han sido llevados a la fuerza miles de niños campesinos para comprometerlos en la lucha armada, dejan un manto de duda sobre la posible pacificación del país.

Los promotores de la guerra contra la nación se arropan con el manto de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) y líderes estudiantiles de las universidades públicas, que son escuelas del terrorismo, preparando a sus bases para un nuevo paro nacional que comenzaría el próximo 25 de marzo con la ‘Toma de Bogotá’, a la cual invitan también los líderes de la Federación Colombiana de Educadores (¿?) en una situación de esquizofrenia que se ha tomado a Colombia, para exigirle al gobierno del presidente Iván Duque Márquez el milagro de multiplicar los ingresos de la nación y de los trabajadores del sector público, que son la verdadera clase privilegiada de la nación.

La inminente reaparición de los grupos de autodefensa, que se habían apaciguado y liquidado durante el gobierno del ex presidente Álvaro Uribe Vélez por los llamados ‘Acuerdos de El Ralito’ es igualmente preocupante, porque quiere decir que hemos perdido la esperanza de encontrar la verdadera reconciliación nacional. Los reparos que se hacen a las disidencias de las FARC por su comportamiento, aumentan la desconfianza de todos los colombianos y la preocupación porque el posible tránsito de los grupos armados ilegales hacia la democracia se ha convertido en un espejismo, cuando no en una farsa y en una feria de vanidades, donde varios jefes guerrilleros se convirtieron de la noche a la mañana en los ‘padres de la patria’ con representación en el Congreso de la República.

Grandes sectores de la opinión nacional creen que estamos viviendo una nueva etapa de la ‘Patria Boba’, con unas fuerzas militares y de policía adormecidas, que perdieron su vocación de lucha como consecuencia de las investigaciones judiciales sobre los ‘falsos positivos’, que maltrataron la imagen y prestigio de valientes oficiales, suboficiales y soldados, enfrentados a las cuadrillas de bandidos de las FARC y del ELN en distintas regiones del país.

Entre tanto, desde la frontera con Venezuela, un régimen despótico que se ufana de exportar la llamada ‘Revolución del Siglo Veintiuno’, con el cinismo de Nicolás Maduro Moros y Diosdado Cabello Rondón, financia las acciones desestabilizadoras que adelantan contra Colombia los líderes de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), las guerrillas del ELN , las disidencias de las FARC y las privilegiadas élites del terrorismo que se ha apoderado de las diferentes universidades públicas y que pretenden paralizar el país a partir del próximo veinticinco de marzo, para crucificar al gobierno del presidente Iván Duque con un catálogo de solicitudes que no tendrían respaldo económico en las cascada de impuestos que pagamos los colombianos. 

Publicacion: Sabado 15 de Febrero de 2020 
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