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Colombia un país de tragedias Por: Luis Eduardo Jaimes Bautista



Colombia un país de tragedias  Por: Luis Eduardo Jaimes Bautista | EL FRENTE Me llega a la memoria una conversación con un escritor extranjero, hablando de Colombia, me dijo: “Este es un país bello, pero lleno de tragedias”. No supe responderle, porque repasando la historia, él tenía la razón. Simplemente acaté decirle eso se debe a la idiosincrasia de las regiones y su pueblo. Se tienen unas costumbres que jamás cambiaran, así se quiera educar y culturizar  en aras de sus contradicciones.

Si repasamos someramente, dónde se ha ensañado la tragedia, se puede decir que en las guerras civiles y la violencia, que continuó a la edad del modernismo “buscando esa construcción republicana”.  Gracias a los gobernantes que ha escogido el pueblo para que los joda. Ese es el punto de partida a la cual viene acompañada de otras calamidades como los desastres naturales, ya sea temblores, terremotos, vientos y las lluvias por ser un país tropical.

Infortunadamente, esto pasa y seguirá pasando, porque se han acostumbrado al inmediatismo y a la prensa amarillista, que utiliza el dolor ajeno para hacer espectáculo. Un espectáculo para mostrar la pobreza y la miseria de gentes humildes que sobreviven, en un pedazo de tierra que les arrebata la naturaleza o los dueños del poder.

Los gobiernos declaran emergencias: Social, económica y ecológica, cuando se presenta una tragedia. Todo para favorecer millones de damnificados, pero parece todo los contrario, porque resucita La “Hidra de Lerna”  de ese inframundo de la corrupción que se aprovechan los políticos.

Repasaba esas tragedias, como la de Armero en 1985, donde perdieron la vida 23 mil personas, por la avalancha del nevado del Ruiz y el flujo de lodo que cayó a los causes de seis ríos, que nacían en el volcán. Han pasado 35 años y solo queda el recuerdo de los vivos y quienes recordamos toda la parafernalia que mostraron al mundo cómo se ayudaba y se recibían donaciones humanitarias. Todo pasó y el país siguió en su alegre vivir, sin sentir que sucedió una tragedia que no tiene nombre, por el abandono y la prevención.

Este es un territorio que algunos amamos y otros no. Es la tierra de los fenómenos, como se ha llamado y no se dice, ni se escribe, solo se nombra cuando llega la Niña o el Niño, porque el IDEAM, ni siquiera es capaz de acertar en los pronósticos, a la llegada de la temporada de altas precipitaciones o las temperaturas elevadas. Es resistirnos a que miremos el cielo si está nublado o si se ve muy azul y despejado, como pronostican los campesinos.

En este siglo XXI, no sabemos cuándo terminen estos fenómenos meteorológicos, con el ingrediente que vienen acompañados de la tormentas tropicales y la formación de huracanes, que por primera vez nace a 30 kilómetros, en Punta Gallinas la Guajira dejando a su paso por la Costa Atlántica y los archipiélagos de San André, providencia y Santa Catalina, desolación y pobreza.

Sigamos hablando de estas tragedias naturales, como las mismas que comete la mano del hombre. Colombia seguirá azotada y aguantando los embates, porque siempre se está planificando cuando pasan las tragedias y no cuando se vean venir. Allí se dice, se promete, pero a largo tiempo jamás queda una solución, pero los ríos de millones y billones, cifras que van quedando y saliendo de los presupuestos, llevados por el fenómeno de la corrupción.

¿Qué resultado va a quedar de la Pandemia de la Covid-19? Que sigue latente en la población de los colombianos, estamos esperando el rebrote, a una expectativa de la Vacuna, sin que se mire con esos ojos tristes los damnificados de Norte de Santander, el Chocó, la Costa atlántica y muchas ciudades que están a merced de los derrumbes y las crecientes de los ríos.

Esta pobre gente, les arrebata la vida las inundaciones, los vientos, incendios, avalanchas, cuando quedan sin nada, solo la ropa o desnudos, sobreviven viendo llegar la guadaña del hambre y las enfermedades que golpean a niños y ancianos.

No quiero ser pitonisa, ni ave de mal agüero. ¿Qué están haciendo las oficinas de Prevención y atención de desastres sobre todo en la prevención, una cultura que no vemos, cuando estamos también en zonas de temblores? ¿Será como dicen las abuelas, esperar con el credo y las oraciones en la boca? Los gobiernos ya deben tomar conciencia.
   

Publicacion: Sabado 21 de Noviembre de 2020 
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