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Pedagogía doméstica Por: Claudio Valdivieso



Pedagogía doméstica Por: Claudio Valdivieso | EL FRENTE En mi eterno pero frustrado paso por la academia y después de recorrer una decena colegios para obtener mi costoso título en la escuela de la vida, encontré la oportunidad para observar detenidamente el inconcluso pensum académico y el defectuoso engranaje entre la educación y la formación, teniendo en cuenta, la metodología para estructurar el conocimiento y los valores infundidos a los hijos, sumado a la buena práctica del ejercicio de convivencia.

Desde mi pequeña infancia, recuerdo a la perfección los inolvidables concejos de los padres de antes, cuando imponían los certeros comparendos, pues para ese entonces, los correctivos los impartían de manera inmediata, aunque podrían tardarse unas cuantas fracciones de segundos ante la más mínima transgresión a las normas de convivencia, respeto y educación, en casa y donde fuera necesario, so pena que el sancionado tenía el beneficioso derecho de guardar silencio.

Y “diga algo y le volteo el mascadero”, sin tapujos decían unos cuantos papás para rematar, gozando de su buen derecho a la educación.

Los viejos en ese entonces contaban con un portafolio de correctivos que partía del tradicional pellizco, un coscorrón y el inolvidable tirón de orejas; y por si las moscas, en silencio llevaban la mano a la pretina del pantalón y advertían con una mirada que el próximo movimiento sería desenfundar la infalible correa, en la que confiaban los asuntos más graves y para esos casos extremos de protección, la cama se convertía en el más preciado bunker.


Recuerdo el dolor que sentía mí alma, mi bolsillo y mi lonchera en cada celebración del día del padre, cuando tenía que aportar mi cuota para sorprenderlo con una nueva correa; pero por ser el menor de los hermanos, no tenía el privilegio de la voz ni el voto.

Ahora cambiaron las cosas considerablemente en la pedagogía doméstica y los correctivos de la vieja data se convirtieron en dulces concejos para no crear en los niños traumas y nosotros los nuevos viejos que pronto seremos, ahora contamos las divertidas tandas que nos ganamos en el sorteo de la indisciplina… ¡Siempre me tocó el podio!  

Ojalá se pudiera desempolvar y de paso transferir a manos de los niños, la difusión y puesta en marcha de un plan estratégico, para renovar unos cuantos artículos del Manual de Urbanidad de Carreño, seguro, de que esto sería muy saludable para ellos y nosotros gozaríamos de sus privilegios.

El presente artículo jamás pretende incitar a la violencia como fácilmente podría entenderse y tampoco sugiere el “llamado castigo” como un instrumento didáctico de refuerzo en la educación de los niños.

Para quienes tuvimos la oportunidad de conquistar unos cuantos pellizcos, coscorrones, la chancla y el cinturón, tampoco podríamos olvidar que estos instrumentos no pasaron a la historia en vano en la vieja pedagogía casera y como cosa extraña, años después de recibir esas inolvidables tandas, pasaron a convertirse en divertidos cuentos.

¿A quién se le ocurrió la brillante idea de “pensionar” la pedagogía de don Manuel Antonio Carreño?
 

Publicacion: Martes 22 de Junio de 2021 
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