Los límites de la libertad sexual Por: León Sandoval | Columnistas | Opinión | EL FRENTE
 
 
 
 
 
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Los límites de la libertad sexual Por: León Sandoval



Los límites de la libertad sexual   Por: León Sandoval | EL FRENTE
En el ejercicio de la libertad nadie puede hacer todo aquello que desea, pero tampoco puede ser compelido a hacer lo que no desea. El sexo es tratado como un tema inconveniente, reservado, oculto, indeseable, prohibido; la actividad sexual se enmarca dentro del concepto de moralidad imperante en cada época. La moralidad ha sido edificada sobre los patrones de conducta señalados por la “religiosidad” de los pueblos. El ejercicio de la sexualidad se contiene en los usos y tradiciones reinantes señalados como “correctos” e “incorrectos”, de allí derivan sus límites.

En ciertas sociedades y épocas el acto sexual sólo se concebía con fines reproductivos. El acto sexual unipersonal es reprochado como lo menciona la Torah para el pueblo judío, reproche trasladado luego al Cristianismo y al Islamismo. Hay quienes opinan que la masturbación es beneficiosa para la salud en la medida que combate el estrés, drena los canales genitales para permitir un mejor funcionamiento del aparato reproductor. También se dice que contribuye a la motilidad de los espermatozoides. Estudios indican que algunos simios luego del acto sexual se masturban naturalmente con el ánimo de limpiar el canal seminal de posibles impurezas fuentes de infecciones.

En otros estadios de la humanidad, sólo se permitió la sexualidad entre pares e individuos de la misma casta como en la India o en la conquista inglesa en Norte América, o del mismo género, entre varones o entre hembras. En la Grecia antigua el acto sexual entre hombres fue considerado la expresión fraterna más pura y honesta.

Los mismos valores imperantes que establece la moralidad en materia sexual, han colocado también límites al acto sexual, no sólo en cuanto a su práctica individual, en pareja, o colectiva, e incluso límites en la hora y lugar de su práctica. Se han hecho consideraciones en el sentido que el sexo sólo es permitido dentro de la unión conyugal, se prohibe previamente. Situación que también obedece a una moralidad imperante, verbo y gracia, hay sociedades en los que la mujer puede tener varios compañeros sexuales y ser el centro de la familia; en otras, esta atribución se la tomó el varón y la mujer está obligada a la “fidelidad” tasada en virginidad, en la que su cuerpo debe ser sólo entregado a un único hombre, prohibición que no aplica en sentido contrario.

¿El sentido de la convivencia en pareja es la propiedad sobre el cuerpo del otro? ¿Casarse conlleva la pérdida de la libertad sexual? ¿La convivencia en pareja riñe con la promiscuidad? ¿El sexo extramatrinonial es una conducta sexual inmoral y merece reconvención? ¿El matrimonio, como contrato legal, general la obligación de pignoración del cuerpo y, por ende, restricción de la libertad sexual? ¿Cuáles son las manifestaciones de libertad sexual que deben ser aceptadas legalmente, y cuáles no? Estas preguntas son problemáticas y sus respuestas generan debate.  

La moral reinante también ha desechado otro tipo de prácticas sexuales consentidas algunas como el sodomismo, masoquismo, el gang bang, la lluvia dorada, el intercambio de parejas, y otras no consentidas, como la pedofilia, la zoofilia, la necrofilia, la coprofília, entre otras tantas consideradas como “patías” por parte de los estudiosos de la conducta humana. Lo cierto es el hecho que estas prácticas sexuales han existido desde siempre y seguramente, pese a que la ley se encarga de limitarlas, permitirlas, prohibirlas o controlarlas es sabido que aún existen, son del gusto de algunos individuos que las contemplan indebidamente, como prácticas del ejercicio de su libertad sexual.

La libertad sexual es la facultad de un sujeto de derechos para autodeterminarse en su sexualidad sin más límites que el respeto al derecho e integridad ajenos, por lo que hacen uso de su cuerpo según su voluntad para elegir las tendencias y prácticas sexuales de su interés, así como plantear, aceptar o rechazar prácticas sexuales. Lo anterior va intímamente ligado al concepto de Indemnidad sexual, protección que se establece para los individuos que debido a su condición cronológica, mental o física no están en capacidad de comprender el sentido de las consecuencias del acto sexual. La indemnidad sexual se extiende como protección a niños, niñas, adolescentes y personas con deficiencias cognitivas y mentales, y por extensión para animales no humanos, sin desconocer también que las personas en condición de discapacidad mental o física también tienen el derecho al ejercicio pleno de su libertad sexual.

La Declaración del XIII Congreso Mundial de Sexología, realizado en Valencia (España) en 1997 y ratificado por la Asamblea General de la Asocación Mundial de Sexología realizada en 1999 en Hong Kong (China) reconocieron la libertasd sexual como un derecho humano universal, que se basa en la libertad, dignidad e igualdad inherentes a todos los seres humanos, y se relaciona con el derecho humano a la salud. La libertad sexual es la posibilidad de la total expresión de la sexualidad de los individuos, que excluye todo tipo de coerción, explotación y abusos sexuales en cualquier momento y situación en detrimento de otros individuos humanos y no humanos. No hay libertades sin límites y responsabilidad.


Publicacion: Sabado 22 de Enero de 2022 
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