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El 4 de Julio en Pamplona Por: Luis Eduardo Jaimes Bautista



El 4 de Julio en Pamplona  Por: Luis Eduardo Jaimes Bautista | EL FRENTE Esta columna es un homenaje a mi patria chica: “Pamplonilla la loca” al celebrar 212 años del grito de la independencia (4 de julio de 1810).

Desde su fundación, la ciudad de Pamplona por su localización estratégica, en el cruce de caminos del nordeste, lo que hoy es Colombia y estando en la ruta del lago de Maracaibo, hacia Santa Fe, fue centro comercial de la provincia en la época colonial y que permitió el asentamiento definitivo de una casta española. Esa posición permitió el auge sociecómico y político de Pamplona y su provincia durante los siglos coloniales XVII y XVIII.

Según Manuel Ancizar en su libro “Peregrinación del Alpha” por las provincias de nueva granada, describe a Pamplona, una ciudad que tiene perdida totalmente su historia y su aspecto colonial de ese otro tiempo, cuando describe las casas desairadas y pesadamente construidas con gruesos balcones sin orden ni aseo exterior; iglesias por todas partes, colegios de ciencias en ninguna, ni monumentos de artes, salvo algunos cuadros antiguos que adornan paredes de los templos; no hay fábricas, y son muy contados los talleres de oficios; el proletariado vegeta mano sobre mano, sufriendo estoicamente la miseria y las enfermedades que nacen de ella y lo diezman después de haber degrado hasta la humillación de la mendicidad.

Las familias acomodadas no tenían goces sociales ni existencia patriota: propóngaseles cualquier empresa digna de su provincia y contestarán los hombres subiéndose la ruana hasta la barba: Aquí no se puede hacer nada. Las damas, bellas, modestas, sentidoras, malgastan las preciosas dotes del alma en perpetuo rezo y visitas de iglesias, porque no hallan otro medio de emplear la genial actividad de su espíritu. Llegando a decadencia progresiva de lo que fue ciudad importante…”

Esto me lleva a dos personajes históricos que marcaron la independencia en Pamplona: Juan Bastús y Faya del consejo de su majestad, oidor de la Real Audiencia de Valencia, Gobernador de la Real Sala del crimen de la misma. En 1808 llegó a Pamplona como gobernador, el catalán, abogado de profesión, a cambiar las costumbres de la población por la forma de vestir de los cabildantes.

Su asistencia a las sesiones del Cabildo era en alpargatas, sombrero y ruana. Ésta última prenda era considerada antihigiénica por la acumulación de pulgas y estaba prohibido usarla. Incomodando a dos miembros del Cabildo de Pamplona, los hermanos de Águeda Gallardo Guerrero, quienes fueron reacios a aceptar las imposiciones de Bastús dando origen a las desavenencias.

Incómodos un grupo de ciudadanos y personalidades encabezadas por doña María Águeda Gallardo, con 60 años salieron con música a la Plaza Principal, la noche del 29 de junio para celebrar la festividad de San Pedro, patrono de la importante cofradía que llevaba su nombre. Se encontraban departiendo con gran alborozo, cuando se presentó el Corregidor Bastús, ordenó la suspensión de la fiesta y el retiro de todas las personas a sus casas, no sin antes discutir con la señora Gallardo, quien era la responsable de tamaña desobediencia, por no tener autorización del mandatario, quien obviamente se sintió burlado y encolerizado suspendiendo la celebración.

Para responder sobre esa burla ordenó al pregonero que tocara el tambor al amanecer, comunicando la noticia que, en el Cabildo municipal, ya no se dejarían entrar a los cabildantes de alpargatas y ruana, porque se estaba llenando el palacio municipal de pulgas.

El 4 de julio de 1810, cinco días después de los hechos ocurridos en la fiesta de San Pedro, se encontraron en la Plaza Principal de la ciudad don Juan Bastús y doña María Águeda Gallardo Guerrero. Entablaron una acalorada conversación y ante las insolentes palabras del mandatario, la aguerrida dama arrebató el bastón de mando que sostenía el Corregidor Bastús en su mano. Inmediatamente la gente se amotinó alrededor, apoyaron a la señora Gallardo Guerrero; rodearon al mandatario y el pueblo enfurecido lo condujo preso al segundo piso de la Casa del Cabildo”. Esto dio el grito de independencia de Pamplona.

La historia de la Ciudad de la neblina está por escribir, ante hechos que solo me resta decir que está en “12 Cuentos pamploneses”: El Rapto de las sabinas, el bastón de Bastús, Pamplonilla la loca, Las monjas, las catacumbas, la calle de chiflaperros, el amostacen, las procesiones, El siete machos y los ilustres pamploneses.    

Publicacion: Sabado 2 de Julio de 2022 
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