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Domingo del Bautismo del Señor Por: Sady Daniel, Pbro.



Domingo del Bautismo del Señor Por: Sady Daniel, Pbro. | EL FRENTE Lectura del santo evangelio según San Lucas (3,15-16.21-22).

En aquel tiempo, el pueblo estaba expectante, y todos se preguntaban en su interior sobre Juan si no sería el Mesías, Juan les respondió dirigiéndose a todos: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego».

Y sucedió que, cuando todo el pueblo era bautizado, también Jesús fue bautizado; y, mientras oraba, se abrieron los cielos, bajó el Espíritu Santo sobre él con apariencia corporal semejante a una paloma y vino una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco». Palabra del Señor

Reflexión

Estamos finalizando en la liturgia de la Iglesia el tiempo de Navidad, hoy es el Domingo del Bautismo del Señor, acontecimiento Bíblico e histórico que vale la pena ver desde la fuerza del Espíritu Santo en las Sagradas Escrituras y especialmente desde la expectativa que había al interno del pueblo de Israel. Es decir, necesitamos dejar de lado todo aquello que sabemos y vivimos, bueno o mal del Sacramento del Bautismo, pues siendo fieles a la interpretación Bíblica, allí en el Jordán no se celebró un Sacramento, sino que Juan estaba bautizando, es decir sumergiendo a las personas en el agua como un signo de conversión. Juan gritaba: “arrepiéntanse que está cerca el Reinado de Dios”.

El evangelio de hoy se abre con una constatación significativa: “el pueblo estaba a la expectativa”. Es fácil imaginarse de qué cosa: el esclavo esperaba la libertad el pobre, una vida mejor; el jornalero explotado, la justicia; el enfermo, la salud; la mujer humillada y violentada, la recuperación de su dignidad. Todos aspiraban a un mundo nuevo donde no se dieran más abusos entre los hombres, donde desaparecieran las prevaricaciones, la corrupción, y se establecieran relaciones de paz.

Era sobre todo en el campo religioso en el que pueblo alentaba la esperanza, quizás no de todo consciente, de un cambio radical. Hacía trecientos años que se había apagado la voz de los profetas, el Cielo se había cerrado y el silencio de Dios era considerado como un merecido castigo por los pecados cometidos.


¡Algo tenía que cambiar!

Dejando a un lado las imágenes de un Dios aliado fiel, padre afectuoso, tierno esposo, los guías espirituales del pueblo, habían comenzado, desde hacía siglos, a presentar al Señor, sobre todo, como un legislador severo e intransigente. La religión no comunicaba ya alegría, sino inquietud, miedo, angustia. Una vida así era insostenible, ¡Algo tenía que cambiar!

Juan Bautista en el desierto había anunciado un bautismo como signo de conversión, es decir, de cambio de vida, para el perdón de los pecados. La respuesta es inesperada: todo el pueblo acude a él, la gente tiene entendido que el perdón de los pecados no puede tener lugar en el templo, con un acto litúrgico, con un sacrificio al Señor, sino a través de un cambio de vida.

Las personas que estaban a la expectativa de un cabio acudieron al bautismo de Juan, menos las autoridades judías que mediante la institución religiosa buscaban conservar una religión de leyes y preceptos con la figura de un Dios lejano y castigador.

El pueblo cree haber identificado a este profeta en el desierto como el liberador esperado de Israel. Pero Juan inmediatamente aclara que no lo es. Juan respondió a todos diciendo: "Yo los bautizo con agua", es decir, te sumerjo en un líquido que es externo al hombre, que es señal de cambio de vida para obtener el perdón de los pecados. "Pero viene quien es más fuerte que yo", y aquí el evangelista usa una expresión que debe entenderse en el contexto cultural de la época para:  "No soy digno de desatar los cordones de sus sandalias".

¿Por qué se bautiza Jesús?

El pueblo ha entendido que es necesario sumergirse en las aguas para el perdón de los pecados como signo de conversión y allí también entra en escena el mismo Jesús, aquél a quien Juan el Bautista, hasta el momento considerado como el Mesías no es digno de desatarle la correa de sus sandalias.

Pero, ¿por qué se bautiza Jesús? El bautismo fue un símbolo de muerte para el pueblo. Morir al pasado, a lo que fue un estado, para empezar una vida nueva. También para Jesús el bautismo es signo de muerte, no de un pasado de pecado que no tiene, sino la aceptación de la muerte en el futuro. Jesús dirá más adelante en este mismo evangelio que hay un bautismo en que debe ser bautizado y se angustia hasta que llega este momento.

Se trata de su muerte. Por tanto, para Jesús, ir a ser bautizado significa: por fidelidad al amor de Dios aceptar la persecución e incluso la muerte. Jesús, habiendo también recibido el bautismo, estaba en oración, el cielo se abrió. ¿Qué significa este cielo abierto? Es comunicación permanente y definitiva del hombre con Dios El cielo indica la realidad divina.

Y el Espíritu Santo descendió sobre él, el artículo definido indica totalidad. El espíritu es la fuerza, la energía del amor de Dios, que desciende sobre Jesús ¿Por qué el evangelista indica en forma corporal? Es decir, realmente, completamente; como una paloma La imagen de la paloma recuerda varios elementos, se trata del ícono de la creación cuando el Espíritu de Dios se cernía sobre las aguas y en la interpretación rabínica se decía que era como una paloma, así en Jesús está la nueva creación. Especialmente dibuja la paloma que sale del arca de Noé, después del diluvio, como señal de perdón.

Este domingo nos puede ayudar a reflexionar en nuestro Bautismo Sacramento, ya la Arquidiócesis de Bucaramanga nos ha venido invitando a vivir nuestro Bautismo y si Bíblicamente lo hacemos vamos a descubrir que bautizarnos significa sumergirnos en Cristo.

Feliz Domingo del Bautismo del Señor.

Publicacion: Sabado 8 de Enero de 2022 
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