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El Domingo de las Bodas en Caná de Galilea Por: Sady Daniel. Pbro.



El Domingo de las Bodas en Caná de Galilea Por: Sady Daniel. Pbro. | EL FRENTE
Lectura del santo evangelio según San Juan (2,1-11).

En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.

Faltó el vino, y la madre de Jesús le dice: «No tienen vino». Jesús le dice: «Mujer, ¿qué tengo yo que ver contigo? Todavía no ha llegado mi hora». Su madre dice a los sirvientes: «Hagan lo que él les diga».

Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una.

Jesús les dice: «Llenen las tinajas de agua». Y las llenaron hasta arriba. Entonces les dice: «Sáquenlo ahora y llévenlo al mayordomo». Ellos se lo llevaron.

El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llama al esposo y le dice:
«Todo el mundo pone primero el vino bueno y, cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora».

Este fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea; así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él. Palabra de Dios.

Reflexión

Nos encontramos frente a un Evangelio cargando de grandes significados que vale la pena tener en cuenta antes de caer en una interpretación simplista o ligera de ver un milagro de un Señor que convierte el agua em vino llevándonos a pensar que lo mejor que nos puede pasar es ser seguidores de un Dios que está en medio de ebrios y para que no se les acabe la euforia convierte el agua en vino.

Para no ir tan ligeros en la interpretación hay que recordar que nos encontramos leyendo a San Juan. Evangelista profundo y con una mentalidad diferente a los tres sinópticos, cuyo interés fue dar a conocer la síntesis de la vida de Jesús y la instauración de su Reino. Juan escribe distinto y su pluma tiene como eje transversal el “logos” de la filosofía griega cuyo significado es la sabiduría de Dios.

Jesús manifiesta su gloria

Juan sólo narra siete milagros en su Evangelio, pero le da importancia al primero diciendo que de esta manera manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en El. ¿Era necesario que se continuara la fiesta convirtiendo el agua en vino? En nuestro medio cuando estamos en una fiesta y se acaba el trago se hace una colecta y se va a comprar para solucionar. ¿Era tan importante?

Pues tengamos en cuenta los siguientes elementos para sumergirnos en la profundidad del milagro con el cual Jesús manifiesta su gloria.

Nos dice San Juan que los discípulos creyeron en El al convertir el agua en vino. Pero si los primeros discípulos de Jesús habían sido los discípulos de Juan el Bautista que era un anacoreta, se alimentaba de saltamontes y al igual que Sansón no probó el vino. ¿Entonces por qué creyeron en El sí venían de una escuela en donde el vino no era de profetas?

¿Por qué Juan se refiere a María como la Madre de Jesús y no le da el nombre? ¿A quién representa María en este milagro? De igual manera en el momento de la cruz no le da el nombre.

¿Por qué si Jesús era un invitado y había un mayordomo no recurren al mayordomo para pedirle que solucione la falta de vino? ¿Al solicitarle María la falta de vino y la tristeza que esto embarga a los comensales porqué Jesús le responde de manera tan tajante?

Porqué Jesús recurre al agua de la purificación depositada en siete tinajas, ¿estancada y de uso para lavarse las manos, los pies, la boca según el ritual de los judíos?

Pues bien, todas estas preguntas que he querido hacerle al texto es fruto de una meditación iluminado por la mentalidad de Juan que es tan profundo que nos quiere llevar a una enseñanza tan grande que vale la pena tener en cuenta cuando nos encontramos en una búsqueda continua de milagros, pero no acudimos al verdadero milagro: ver su gloria y seguir al maestro de Galilea.

Captar toda la riqueza de su mensaje

El Evangelio de Juan es como un inmenso océano que puede ser contemplado en su superficie o bien explorado en su profundidad. Desde la orilla nos fascina el increparse de las olas, el despliegue de las velas, los reflejos de luces y colores. Las emociones más intensas, sin embargo, están reservadas a quien tiene la posibilidad de equiparse convenientemente y descender al fondo, donde le espera las más inesperadas y variantes formas de vida, peces, arrecifes, corales, algas.

Lo mismo ocurre con el Evangelio de Juan, hay que bajar hasta el fondo para captar toda la riqueza de su mensaje. Esto es lo que trataremos de hacer.


En una aldea de Galilea se celebra una fiesta de bodas. Han llegado los invitados a pasar unos días felices, pero ¡qué desilusión!: falta el vino e incluso el agua porque –según el relato– las tinajas están vacías (serán llenadas solo por orden de Jesús). Una situación lamentable, ¡tristeza general! Esta es la superficie del océano. ¿Qué hay en su profundidad? Para descender debemos prepararnos con el equipo de buceo que nos proporciona el Antiguo Testamento.

El vino. En la Biblia se condena al borracho, al que vive para el vino” (Prov. 23,30), pero el vino es también la imagen de la felicidad y del amor (cf. Ecl 10,19; Cant 4,10). “El vino alegra el corazón (Eclo 40,20). Una fiesta sin vino se convierte en un funeral; sin canciones y sin bailes no hay alegría, solo caras largas, gente insatisfecha y nerviosa. “¿Qué vida es esa cuando le falta el vino?”, En tiempos de Jesús, Israel esperaba el reino de Dios, un reino descrito por los profetas como un “festín de manjares suculentos, de vinos añejados, manjares deliciosos, vinos deliciosos” (Is 25,6).

Éste es el significado de seis tinajas de piedra vacías: representan la religión de las purificaciones, aquel conjunto de prácticas y ritos incapaces de comunicar serenidad, alegría y paz. No es esta clase de agua, sino la que ordena traer el Señor, su agua, la que se convertirán en el mejor vino.

Las bodas de Cana sin vino representan la condición triste del pueblo de Israel, desilusionado e insatisfecho, que ha substituido la atracción amorosa por el Señor con el cumplimiento de disposiciones jurídicas. Este modo de relacionarse con Dios nunca ha producido alegría y, sin embargo, es una constante tentación, siempre actual. Los hombres se sienten siempre incomprensiblemente atraídos por las prácticas religiosas, por la rígida observancia de deberes, por la repetición de ritos de los que ni siquiera conocen su significado.

La madre de Jesús puede ser María, sí, pero puede indicar también la comunidad espiritual en la que Jesús ha nacido y ha sido educado. En el pasaje de hoy, representa ciertamente a las personas piadosas de Israel, aquellas que son las primeras en darse cuenta de que la situación religiosa en que viven es insostenible. ¿Qué hacen para remediarla? No recurren al “encargado del banquete”, es decir a los jefes religiosos que han dado prueba de ser incapaces de organizar una auténtica fiesta, sino a Jesús. Comprenden que solo de él puede venir el agua viva que, en quien la bebe, se transforma en vino, es decir, da la felicidad.

Juan coloca este “signo” al comienzo de su Evangelio porque es una síntesis de todo lo que Jesús hará a continuación. Él es el esposo que celebrará sus bodas con la humanidad.

Feliz Domingo.

Publicacion: Sabado 15 de Enero de 2022 
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