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Encerrado en un búnker a oscuras, así estuvo Sebastián Londoño en cautiverio



Encerrado en un búnker a oscuras, así estuvo Sebastián Londoño en cautiverio | EL FRENTE Un mes ha pasado desde que recuperó la libertad Sebastián Londoño Agudelo, de 21 años, quien relató cómo ha sido esta segunda oportunidad de vida (como lo ha denominado).

Por: SLEYDER CASTILLA / EL FRENTE

En su pueblo natal (Aguachica, Cesar) todo ha sido fiesta, multitudinarios recibimientos a donde quiera que va y rodeado de muchas personas, eso sí, para protegerlo de cualquier amenaza que pueda perturbar la tranquilidad.

Su familia no se despega de él, han disfrutado de viajes familiares juntos y entre todos cuidan del hijo menor de don Guillermo y doña Martha.

EL FRENTE pudo conversar con Sebastián esta semana, ya con más tranquilidad y calma, nos narró detalles de su cautiverio y las secuelas que esta inolvidable vivencia le dejará marcado por lo menos todos estos años venideros.

Recuento

Inicia su relato manifestando lo que la comunidad en general vio en un video de cámara de seguridad del restaurante donde fue secuestrado; que un sujeto extraño con prendas del Gaula lo convenció para salir de ahí.

"Él me dijo que necesitaban hablar conmigo afuera, nos fuimos acercando a la camioneta y me hizo meter, estando adentro me dijeron relájate que te pego un tiro, relájate… luego me esposaron".

Aunque al principio pensó que podría tratarse de una broma de algunos de sus familiares o amigos, cuando notó que iban pasando los minutos y el vehículo se metió por una vía rural, descartó que siguiera siendo un chiste de mal gusto.

“A los pocos kilómetros de desviarnos de la carretera principal, nos metimos por una trocha en carro hasta llegar a un punto, donde me embarcaron en moto, aunque no pude ver bien, sé que fue hacia el Catatumbo… yo creo que estaba a unas cuatro horas o más de Aguachica”.

Londoño Agudelo señaló que fue metido a lugares inhóspitos y mantuvo un comportamiento tímido, pero pensando siempre en lo que le decían ellos: que si se portaba bien, ellos también lo harían con él.

Sin embargo, relata que fue amarrado de las manos con el cuello, las piernas, para dejarlo sin posibilidades de escape.

“Si llegaba a gritar en cualquier momento, me mataban, esa era la amenaza constante de ellos para poder avanzar por todas las fincas que pasábamos”.

Los secuestradores todo el tiempo estuvieron encapuchados, no conversaban cerca de Sebastián para evitar que se familiarizara con las voces, solo le decían que debía alistarse para rotar de lugar.

“Cada dos o tres meses me cambiaban de finca, porque decían que el Gaula estaba cerca”.

Agregó que, la alimentación era muy típica a la de un campesino, comía mucho arroz acompañado de huevo, pescado, o arroz solo como ocurrió en varias ocasiones.

Todos los días pensaba en su familia, por su mente pasaban todas las caras conocidas de su cuadra donde creció, de la gente de su pueblo y por supuesto de sus seres queridos.

Secuelas

“Me perjudicaron mucho el cerebro, no me siento igual que antes, mi mente cambió y ahora soy más nervioso, más desconfiado, siempre que voy manejando miro a todos lados para que no me sigan o no me hagan daño”.

El estado de salud cambió, no solo en su parte emocional y psicológica, pues manifiesta que no logra conciliar el sueño, duerme de día, pero en la noche no es capaz. Además, come una sola vez al día porque no le da hambre, y esto fue generado por el hábito creado en cautiverio. Su vista se vio afectada, debido a que estuvo encerrado en un lugar subterráneo y oscuro.

“Allá no tuve contacto ni información de mi familia, tampoco interactué con nadie, el lugar de encierro fue bajo tierra y con estructura de hierro, era blindado, me sentía en un búnker porque la comida me la pasaban por una ventana”.

El joven está convencido de que quisieron enloquecerlo en ese encierro, pues lo que no querían ellos era crear un vínculo con él.

“Yo no quería relacionarme tampoco con esa gente, porque a muchos les ha pasado que tienen familiaridad con ellos”.

“Aliste la ropa que se va”

Un día, uno de los captores le dijo que debía estar seis meses más con ellos para que fuera liberado, a lo que Sebastián respondió: “con tal de que me perdonen la vida”.

Pero de inmediato le respondieron: “pelao aliste la ropa que se va”.

Fue entonces cuando él alistó una mochila con la ropa que le tenían, pero no sin antes revisarle lo que había empacado, para que no se llevara algún objeto que podría ser utilizado como evidencia.

“Me revisaron todo y como al medio día del 11 de abril, me embarcaron en un carro y después en moto en un viaje de 16 horas aproximadamente”.

Contó que le vendaron los ojos, le pusieron gafas, estuvo todo el tiempo atado, pero cuando llegaron a una vereda en zona rural de Pailitas, lo bajaron de la moto y le dieron un celular para que llamara a su familia.

“Me dijeron que llamara, dijera que estaba en Pailitas vía a Los Llanos y votara el celular de una vez, llamé a mi familia y esperé aproximadamente entre 3 y 4 horas”.

Señaló que sintió mucho miedo, porque creyó que ellos volverían o estaban esperando a sus familiares para hacerles daño.

“Luego de esas horas, mi familia llegó a la indicación que les di… en ese momento vi a mi hermano Carlos, el padre Elkin y más allegados”.

Sus padres estaban en una iglesia, cerca de esa vereda esperando que la comitiva trajera a Sebastián de vuelta.

Ha pasado un mes y Sebas como es conocido por todos, siente que su forma de ser ha cambiado de manera evidente, ahora es más callado e introvertido.

“Me siento ido, casi no hablo con la gente, vivo con miedo… pero a pesar de todo siento también que volví a nacer, me siento agradecido con la virgen de Santa Marta, siempre que hacía oraciones veía ángeles, los veía real, cuando quería tocarlos se me iban”, concluyó Sebastián la entrevista.
Publicacion: Jueves 12 de Mayo de 2022 
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